Edgar Ramírez, el mítico dirigente minero apodado “Huracán”, fue de aquellos que se elevó por encima de sus pares con una estatura moral difícil de encontrar: firme de convicciones, hombre que no tenía embargada su voz con nada ni con nadie, transitó la vida con humildad, huyendo de la fama, de los halagos y los elogios como de la peste. Leal a la certeza de

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