Etiqueta: Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB)

  • Buenas intenciones

    Buenas intenciones

    La Cumbre Minera concluyó en encuentros del Ministerio con actores sectoriales, cada uno por separado. La información dada a conocer al respecto no es completa, al contrario, es difusa y contradictoria. Se menciona la participación de los actores productivos: estatal, privados y cooperativistas. No se conoce, sin embargo, la posición y los planteamientos de la Corporación Minera de Bolivia, de la Corporación de las Fuerzas Armadas, ni de la Corporación de Seguro Social Militar, que son entes estatales con derechos mineros. Si bien se informa que hubo reuniones con el sector privado, la minería mediana y chica, no se especifica qué plantearon, ni cuáles son sus diferencias.

    El sector cooperativista sí participó, pero dividido. La Federación Nacional de Cooperativas Mineras de Bolivia (FENCOMIN) exigió del gobierno el cumplimiento de un acuerdo del mes de mayo que le reconocía como único representante del sector, oponiéndose a la participación del otro sector y abandonando la Cumbre. Los que sí participaron fueron el sector aurífero, con dos federaciones y una confederación nacional. Se informó que también se escuchó a exautoridades, profesionales, pero tampoco se conoce sus aportes. Al final de la ronda hubo una reunión con la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), quienes, además de dejar por escrito su posición, exigieron una plenaria de todos los sectores, para -por lo menos- acordar una ruta de trabajo.

    Los ausentes son otros actores que, sin participar en la producción, tienen en ella marcados intereses: los pueblos indígenas que reclaman el respeto a su territorio y lo defienden contra la depredación y la contaminación de la minería ilegal; los municipios a los cuales se les despoja de un recurso natural no renovable, que tienen expectativas sobre la compensación y la manera como la actividad minera les afecta; las autoridades departamentales que se benefician de la explotación minera, pero no logran empalmar esta actividad en un polo de desarrollo departamental; la sociedad civil que ve cómo la minería crea enormes fortunas y paralelamente bolsones de pobreza, cómo impávidamente se sacrifica a centenares de trabajadores en la labor extractiva, cómo los millones de dólares que produce la explotación minera no satisfacen a nuestras necesidades de medicinas, ni carburantes, y los planificadores que deben decirnos el rol del sector, enmarcados en un plan de desarrollo nacional.

    La verdad es que a todos nos debiera interesar la minería; un total de exportaciones $us 4.452 millones, a pesar de la caída de su volumen en un 12%, en el primer semestre del 2026, prevé superar los $us 10.000 millones al final de la gestión, superando el total de exportaciones de la gestión pasada. Sin embargo, cuál será el impacto de este crecimiento en la economía nacional: de eso se trata cuando de política minera se habla.

    Lo que se trató de hacer en la Cumbre Minera era el enjuiciamiento de la Ley 535 y de los preceptos constitucionales que le inspiraron. La visión de control del Estado sobre los derechos de uso de los recursos mineros, a través de la suscripción de contratos mineros, era el mecanismo básico introducido para fiscalizar y desarrollar la cadena de valor, incorporando la fundición y la industrialización.

    El índice de su fracaso son las 5000 concesiones que no se adecuaron, con otras 5000 solicitudes que están pendientes de aprobación. No fue posible aplicar la norma -establecida en la Constitución- cuando actores y burócratas venales la boicotean, añorando dar concesiones mineras sin importarles que éstas sean trabajadas o entraban al área de la especulación. La no concreción del contrato minero dio paso a una minería informal y en muchos casos ilegal, informal porque, si bien las cooperativas tienen un derecho preconstituido, no lo adecúan o no acatan todas las normas, como la presentación de balances contables; e ilegales, porque simplemente hacen a un lado la ley y actúan sin control en el desarrollo de la actividad minera.

    La situación es crítica: es necesario resolverla en un acuerdo de todos los actores. Con todo, esta intención debe partir del respeto a la ley como un imperativo, eludir las normas no traerá sino la impunidad como consecuencia. Los sindicatos mineros, con tino, han señalado su oposición a toda modificación a la Ley que viole los principios consagrados en la Constitución y valoran el esfuerzo realizado por plasmar la ley de minería actual en casi cuatro años de concertación de los tres actores mineros, que significó, además, el cambio de tres ministros.

    El tamaño de los intereses que están en juego es de la dimensión de las cifras precedentes, pero hay un sentimiento mayor: que esta riqueza es de todos los bolivianos y debe ser controlada por ellos, para lograr el desarrollo del país.

  • A cien días de gobierno: alerta popular ante el avance del modelo extractivista y la concentración del poder (*)

    A cien días de gobierno: alerta popular ante el avance del modelo extractivista y la concentración del poder (*)

    A cien días de gestión gubernamental, el panorama político y social en Bolivia se presenta como un escenario de profundas tensiones. El análisis del contexto actual, marcado por la postergación del decreto 5503 y la posterior aprobación del 5516, revela una estrategia oficial que, aunque cautelosa, avanza progresivamente hacia la consolidación de un modelo económico de corte neoliberal, al servicio de intereses transnacionales y en detrimento de los derechos y riquezas del pueblo boliviano.

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  • La Marcha por la Vida… continúa

    La Marcha por la Vida… continúa

    Se han cumplido 35 años de aquella Marcha histórica de más de 5 mil mineros que marcharon desde Oruro a la ciudad de La Paz interpelando al gobierno del MNR por la aplicación de la dura medida como fue la relocalización de más de 30 mil mineros de las minas, hoy una gran masa de pobladores del campo y de la ciudad continúa marchando, reclamando e interpelando al mundo “Por la Vida y la Paz”, como fue en 1986.

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  • El legado del Huracán

    El legado del Huracán

    Edgar Ramírez, el mítico dirigente minero apodado “Huracán”, fue de aquellos que se elevó por encima de sus pares con una estatura moral difícil de encontrar: firme de convicciones, hombre que no tenía embargada su voz con nada ni con nadie, transitó la vida con humildad, huyendo de la fama, de los halagos y los elogios como de la peste. Leal a la certeza de que el poder de transformación de la sociedad es un hecho colectivo y no de individualidades, huía de la notoriedad para refugiarse en el crisol de la lucha anónima, pero efectiva. Lo pinta de cuerpo entero aquella anécdota de la inauguración de su obra, las modernísimas instalaciones del Archivo Histórico de la COMIBOL; entonces, el ministro de turno envió una placa en la que, para no salirse del libreto de los figurones, hizo colocar su nombre. Vísperas de la inauguración, manos de un ex perforista de interior mina la hicieron retirar y fundir de nuevo, para escribir en ella que esa obra se debía sólo al sacrificio y a la entrega de todos los anónimos trabajadores mineros de su patria.

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  • La crisis como oportunidad

    La crisis como oportunidad

    En 1985, el Ajuste Estructural llega de la mano del viejo MNR, un partido que enarboló consignas revolucionarias, que ya se encontraban, como demandas en los movimientos sociales de la época como los campesinos, fabriles y mineros “Minas al Estado y tierras al indio” formaban parte del imaginario revolucionario, que se fue construyendo desde las cálidas tierras del Chaco. “La guerra del Chaco, con su absurdo carácter de duelo multitudinario entre soldados desnudos, es el fenómeno a partir del cual comienzan la conciencia y la rebelión de las clases nacionales”i nos dice René Zavaleta. Y es que hasta entonces los patrones de hacienda y los dueños de las minas decidían el destino de Bolivia.

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  • Los fantasmas de un ministro paranoico

    Los fantasmas de un ministro paranoico

    El retrato de los golpes de Estado en la historia boliviana tuvo como componentes principales de su autoría no siempre a sus presidentes, sino a los ministros del interior o de gobierno como el caso del actual, con el apoyo de especialistas sádicos que es importante recordarlos.

    A mediados de los años 60, después de la caída del MNR, salieron a la luz distintas denuncias de violación a los Derechos Humanos. Los testimonios escritos revelan lo que fue esa época, por ejemplo: Mario Peñaranda Rivera publicó ‘Entre los hombres lobos de Bolivia’, Hernán Barriga Antelo escribió ‘Laureles de un tirano’, Hernán Landívar Flores relató su vivencia personal en ‘Infierno en Bolivia’ (1965) y Fernando Loayza Beltrán esclareció episodios nefastos en su libro ‘Campos de concentración en Bolivia’ (1966).

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