En menos de un mes se difundieron dos pronunciamientos notablemente críticos hacia el gobierno de facto por parte de autoridades de la Iglesia católica. Resultan señales indudables del grado de descomposición y degradación de la actual administración de gobierno, en particular si tomamos en consideración el silencio de los obispos en los primeros meses del año, y sus simpatías para con el golpe de Estado.

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