En menos de un mes se difundieron dos pronunciamientos notablemente críticos hacia el gobierno de facto por parte de autoridades de la Iglesia católica. Resultan señales indudables del grado de descomposición y degradación de la actual administración de gobierno, en particular si tomamos en consideración el silencio de los obispos en los primeros meses del año, y sus simpatías para con el golpe de Estado.

El primero en hablar fue Ricardo Centellas, arzobispo de Sucre y presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB). Señaló los peligros de la anunciada incorporación de semillas transgénicas a la producción nacional, los numerosos casos de avionetas descubiertas con importantes cargamentos de cocaína, el nepotismo desvergonzado que se practica en diferentes ministerios y la propia presidencia del país, y por último el palpable desinterés, ineptitud e inoperancia de las actuales autoridades con relación a la gestión de políticas y estrategias sanitarias de cara al Covid-19.

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