Entre la impunidad y la justicia

Un debate que debiera ser ficticio empieza a ser posesionado por los grandes medios de comunicación, cuya orientación común es ya de sobra conocida. Los siempre atractivos términos de “reconciliación”, “acuerdo nacional”, “pacificación” y otros por el estilo, han salido a relucir en declaraciones de no pocos políticos pasados de moda y variados titulares de prensa. Aparentemente inofensivos, en realidad, son argumentos edulcorados contra la necesidad de poner fin a la impunidad y castigar de manera ejemplar a quienes han incurrido en delitos, actos de corrupción y crímenes de lesa humanidad.

Los medios aludidos han intentado, por todos los medios –valga la redundancia– mostrar determinadas acciones de la Justicia como actos de venganza del nuevo gobierno del MAS IPSP. Así, la detención de Jeaninne Añez ha sido calificada como un acto ilegítimo, cuando no ilegal, que respondería a la persecución política como moneda que le toca gastar a todo gobierno y que, en este caso, se aplicaría contra una indefensa mujer. Su defensa ha intentado, por todos los medios también, forzar su libertad dizque para que pueda defenderse de mejor manera. Pero el simple hecho de haberla encontrado al momento de su detención oculta en un mueble de doble fondo, muestra a todas luces la intención de esquivar a la justicia, fuga incluida. Es decir, siguiendo los pasos de sus inefables ministros que ahora disfrutan de un dorado exilio con la protección del gobierno de Estados Unidos.

Con idéntica intencionalidad, se ha mostrado el accionar de la Justicia contra algunos mandos militares como otra acción de venganza política. El acto de sedición, de ordenar a las Fuerzas Armadas a disparar contra indefensos manifestantes; de “sugerir” la renuncia de un presidente democráticamente elegido; de investir en la presidencia del Estado Plurinacional a una senadora sin ningún tipo de respaldo constitucional y ostentado traje de campaña para evidenciar la intencionalidad política del acto sedicioso, son claros delitos definidos por la Constitución Política del Estado que deberían, a juicio de los que alientan la campaña de “pacificación”, ser archivados para mirar el futuro y olvidar el pasado, que la vida sigue.

Pero, la vida de los compatriotas masacrados en Senkata y Sacaba, por mencionar solo dos escenarios de crímenes de lesa humanidad, no sigue. Esas vidas han sido cortadas por balas asesinas que tuvieron autores intelectuales y autores materiales, que deben responder ante la justicia con garantías de un debido proceso.

Los famosos respiradores que nunca llegaron, y si llegaron nadie sabe dónde están ni para qué sirven, pero que si permitieron que unos delincuentes de cuello blanco se metieran al bolsillo millones de dólares en nombre de la salud y la vida de miles de enfermos y contagiados del Covid 19, también deberían ser olvidados, en aras de la “reconciliación” entre ladrones y asaltados. Borrón y cuenta nueva, que perdonar es divino. Los demás, los que todavía tenemos que seguir pagando el negociado porque la compra se hizo con fondos públicos, tendremos que resignar el derecho a reclamar justicia, porque de lo contrario, estamos en el campo de los que quieren la confrontación y la venganza.

Tal mensaje, esgrimido con nitidez por un candidato perdedor en las anteriores elecciones nacionales y que, en las subnacionales, no logró una sola de las alcaldías en disputa a lo ancho y largo del país, esconde en realidad la verdadera intencionalidad política de los muñequitos digitados por el ventrílocuo del norte: impunidad para todo crimen y todo delito. Es decir, un mensaje claro para que, en una próxima oportunidad en la que mejore el clima sedicioso, se propicie un nuevo y artero golpe a la democracia y al gobierno democráticamente elegido, porque a la postre, no habrá sanciones.

Que tal mensaje salga de labios de ese candidato de derecha, de las mandíbulas apretadas de no pocos gorilas con uniforme, de los comités cívicos cuya elección uno nunca sabe quién la hizo, de los medios que siempre mienten, no tiene nada de raro. Forma parte de la contienda política entre la nación y la anti nación. Lo inaceptable y peligroso es que esas mismas frases salgan de “prudentes” y “moderados” masistas, que no terminan de comprender que el camino de la concesión a la derecha, fue el verdadero origen del golpe de Estado de noviembre del 2019.

O tal vez, lo comprenden perfectamente, y por eso suman voces al coro del frente…

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