La historia del periodismo en Bolivia tiene sus momentos luminosos y sublimes, como también manchas fecales de infamia. En el primer caso, baste recordar a Carlos Montenegro, cuya soberbia investigación sobre el rol de la prensa en nuestra historia diera pie a ese ineludible texto que es Nacionalismo y Coloniaje; o –por nombrar a un contemporáneo de aguda pluma– a nuestro entrañable Jorge Mansilla Torres,

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