Etiqueta: Carlos Montenegro

La historia del periodismo en Bolivia tiene sus momentos luminosos y sublimes, como también manchas fecales de infamia. En el primer caso, baste recordar a Carlos Montenegro, cuya soberbia investigación sobre el rol de la prensa en nuestra historia diera pie a ese ineludible texto que es Nacionalismo y Coloniaje; o –por nombrar a un contemporáneo de aguda pluma– a nuestro entrañable Jorge Mansilla Torres, Coco Manto, que todavía escribe para gringos y kusillos, cociendo grillos en su crisol patrio.

Pero también están los otros, aquellos que nos llenan de vergüenza. ¿Cómo olvidar esa verdadera lección de infamia que nos diera Carlos Valverde, hacedor de una las fakenews más eficientes de los últimos tiempos? Con una historia que no tiene siquiera el mérito de una investigación periodística –que de por sí ya tiene valor– puso en vilo al país con la famosa historia del hijo de Evo Morales y la señora Zapata, niño que nunca existió pero que fue parido en el momento preciso para obnubilar a un pueblo sensible con una telenovela que sirvió para forzar un resultado electoral del 21 F del que hasta ahora se aferra la derecha.

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El titulo de la columna, es una frase extractada de una conferencia que diera Augusto Céspedes (el Chueco), el 24 de julio de 1973 en el instituto de Investigación y Capacitación Política “Carlos Montenegro”.

En esta conferencia titulada La táctica del golpe del 21 de julio de 1946 Augusto Céspedes caracteriza a la oligarquía en Bolivia como el grupo social y económico que “se mantiene en el poder mediante la violencia, una violencia sistemática y metódica” de élite y casta que además “asimilaba todo aquello que se llamaba revoluciones; las neutralizaban o las absorbían y continuaban mandando sin mayor preocupación”.

En esta misma conferencia hace referencia a esa democracia falsa y entreguista denunciando los abusos de la casa Grace, la Railway, las compañías molineras y las grandes empresas mineras.

Argumenta que el gobierno de Gualberto Villarroel, el presidente derrocado y asesinado en un farol de la plaza Murillo ese aciago 21 de julio, era acusado de nazi fascista, por exigir mejores precios para el estaño que se vendía a los EEUU y sus aliados a precio de gallina muerta. Calcula en bases a estudios realizados entonces por Fernando Baptista, que Bolivia había regalado 600 millones de dólares de entonces para la defensa de la civilización occidental.

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