Lunes 10 de agosto, la autoproclamada Jeaninne Añez amanece con el ojo en tinta. Sus invocaciones a la paz y a la concordia, junto a los pedidos de diálogo como parte de su campaña electoral, ya no resultan creíbles ni siquiera para sus ex compinches de la aventura golpista de noviembre pasado. A la reunión convocatoria al diálogo no asistieron los principales interlocutores; apenas, si, un grupo de insignes desconocidos que, además, aprovecharon la ocasión para cantarle verdades que no le gustaron para nada. En suma, el diálogo con el gobierno de facto está en fojas cero; y para salir del incómodo atolladero, la señora candidata ha pedido conformar una “comisión para el diálogo”.

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