Si, hipotéticamente fueran presidente Jeanine Añez o Carlos Mesa, sería exactamente lo mismo. Ambos representan el retorno a los 38 años anteriores a 2006: 18 años de neoliberalismo dictatorial militar y 20 de dictadura oligárquica bajo la máscara de democracia representativa obligados a formar las «megacoaliciones» para superar o disimular la efímera votación que obtenía cada uno de los partidos neoliberales que, en el mejor de los casos, alcanzó al 27% de votos.

Añez y Mesa representan la reposición de las políticas de endeudamiento externo, no para inversiones en desarrollo y progreso, sino para gastos recurrentes como sueldos y aguinaldos, especialmente para evitar el descontento de las FFAA y la Policía y el saldo, para metérselo en el bolsillo.

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