¿Qué tienen en común Añez y Mesa?

Si, hipotéticamente fueran presidente Jeanine Añez o Carlos Mesa, sería exactamente lo mismo. Ambos representan el retorno a los 38 años anteriores a 2006: 18 años de neoliberalismo dictatorial militar y 20 de dictadura oligárquica bajo la máscara de democracia representativa obligados a formar las «megacoaliciones» para superar o disimular la efímera votación que obtenía cada uno de los partidos neoliberales que, en el mejor de los casos, alcanzó al 27% de votos.

Añez y Mesa representan la reposición de las políticas de endeudamiento externo, no para inversiones en desarrollo y progreso, sino para gastos recurrentes como sueldos y aguinaldos, especialmente para evitar el descontento de las FFAA y la Policía y el saldo, para metérselo en el bolsillo.

Sus progenitores políticos, Banzer y Goni, respectivamente, les dejaron como legado, la máxima de enriquecerse sin medida ni clemencia con el saqueo del aparato del Estado y de los recursos naturales, consolidando los clanes familiares en torno a la corrupción, nepotismo, abuso de poder y prepotencia, resultante del manejo «maravilloso instrumento del poder» como dijo Víctor Paz, haciendo referencia al arte de gobernar.

Como jamás serán mayoría, aunque tengan que compatirlo, la constante para hacer más llevadero el ejercicio del poder y el robo, será el reparto del mismo entre los partidillos cogobernantes, mediante las famosas cuotas de poder, conformando las mal llamadas megacoaliciones, donde le toca a cada uno su tajada del poder, y como es inseguro su futuro retorno, es menester exprimirlo al máximo como Sánchez Berzain manda.

Con Jeannine, quizá sea más brutal la persecución y represión a las organizaciones populares y más cínico el robo y saqueo de las arcas del Estado, Mesa en cambio, tratará de hacerlo con «arte» como cuando quemó los comprobantes de gastos reservados o aumentando el impuesto (IVA) a los trabajadores. Agotará hasta el último momento el uso de la fuerza contra el pueblo, pero al final la usará como hizo en El Alto, cuando era vicepresidente de Goni o como ahora, siendo el cómplice silencioso de las masacres de Senkata y Sacaba.

En ambos casos el compás y carácter de las decisiones las tomará Estados Unidos, así los principales miembros del gabinete serán nombrados por la embajada norteamericana. Tanto Añez como Mesa ejecutarán medidas profundamente antipopulares por mandato del FMI como la devaluación monetaria, generando una creciente inflación, despidos masivos de las empresas estatales, impuesto a la producción agrícola, congelamiento o rebaja del salario mínimo como ya lo anunció Mesa e incremento sustancial del desempleo con el consecuente aumento de la inseguridad ciudadana.

Los pueblos indígenas de tierras bajas volverán a estado de olvido y aislamiento endémico en el que se hallaban antes del 2006 y muchas de las 36 naciones desaparecerán o se verán devoradas por las grandes empresas que tienen contratos subsidiarios en la extracción de su madera, almendra y otros recursos naturales. Retornaremos a nuestra matriz monoproductora de materias primas, haciéndole un adiós a la industrialización y la diversificación de la economía.

La recalcitrancia racista, el odio despiadado al indio se convertirá en política de Estado lo que bien puede derivar fácilmente en la cristalización de la Nación Camba o Media Luna como nuevo Estado separado de Bolivia, pero esta vez con aquiescencia plena gubernamental.

Brindarán el poder absoluto a la Banca para acribillar económicamente a los pequeños prestatarios y caerles a sus bienes hipotecados, dejando sin techo a miles de ciudadanos. Otorgarán el poder omnímodo a los terratenientes del oriente que obtendrán nuevamente la libertad de engordar y tráficar las tierras y de destruir el medio ambiente con productos transgénicos.

La pequeña y mediana industria, MYPES, desaparecerán porque el neoliberalismo consiste precisamente, en abrir las puertas del país legal e ilegalmente a la mercancía extranjera. Con ello, otra gran masa de empleadores junto a sus trabajadores irán a parar a la calle.

ENTEL, YLB (Litio), YPFB, BOA, ENDE, ENFE y todas las empresas del estado pasarán a manos privadas, previa quiebra fabricada, para pincelar de legalidad y necesidad de la privatización.

Con Añez o Mesa se pisoteará la soberanía nacional e ingresarán tropas norteamericanas a Bolivia con el pretexto de luchar contra el narcotráfico y el terrorismo e instalarán bases militares y minas en el Chapare, en el norte de Santa Cruz y el Altiplano, así como en otros lugares estratégicos con el objeto de controlar las zonas políticas y socialmente más explosivas, potencialmente rebeldes al régimen.

Bolivia retornará, entonces, a su vieja condición neocolonial republicana y por tanto a su cualidad de país más pobre de América Latina, seremos nuevamente campeones mundiales de la corrupción, ocupando el primer lugar en el mundo.

El narcotráfico se apropiará de aeropuertos y pistas en todo el país como lo viene haciendo desde noviembre del 2019.

Los nueve meses transcurridos desde el golpe de Estado constituyen una muestra gráfica y concentrada, un video en vivo hipersuficiente para que sepamos cuál es el futuro que espera a Bolivia en caso de mantenerse o prorrogarse en el gobierno la derecha.

Una y otro, al final se juntarán porque como hemos visto, diferencias de fondo entre ambos no existen, por el contrario, comparten una espina dorsal o común denominador, que es su dependencia y servilismo con respecto a EEUU.

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