Etiqueta: Neoliberalismo

  • Nadie dice Nada

    Nadie dice Nada

    Hace pocos días un amigo, con quién conversaba, acerca del gobierno actual, en un determinado momento me dijo: “ y..nadie dice nada”, refiriéndose, con seguridad, a que dirigentes de distintos sindicatos, federaciones, etc, guardan un silencio muy parecido a la complicidad. Entonces surge la pregunta ¿quién o quienes son “nadie”?.

    En nuestra larga historia de luchas sociales en Bolivia, una de las características ha sido el protagonismo del pueblo, es decir esa conciencia colectiva que se descubre como el principal actor de la posibilidad del cambio. Pero esa energía acumulada en el seno del pueblo siempre estuvo ligada a un líder, a una dirección; pero existen experiencias recientes de los llamados “autoconvocados” grupos de ciudadanos y ciudadanas que reconocidas como pueblo, en el sentido de la conciencia colectiva, se atreven a ofrecer resistencia y victoria frente a la represión violenta.

    Hoy, un gobierno caracterizado por el nulo ejercicio de la ética en sus actos, no tiene al frente a ninguna organización sólida que pueda frenar la imposición de un ajuste estructural neoliberal y también contra el Estado Plurinacional. los desaciertos del gobierno de Luis Arce (la división de organizaciones sociales nacionales) ha sido el cimiento para que el gobierno desmovilice y derrote al movimiento popular; no habiendo fuerza política capaz de revertir esta situación, las organizaciones económicas y políticas de la derecha boliviana se apuran en amasar fortunas individuales y dejar el camino libre para el ingreso de empresas transnacionales para el nuevo saqueo permitido con el eufemismo de “inversión extranjera”.

    Frente a este escenario de ofensiva neoliberal, y en el contexto de una angurria del dominio imperial, la frase: “nadie dice nada” debe ser transformada para decir “todos y todas decimos todo” es decir retornar la auto-organización como el germen del poder popular, la dispersión existente de muchas voluntades revolucionarias permite la reproducción de la forma y contenido que nos gobierna, somos pues una especie de “revolucionarios gramaticales” como señalaba Gramsci.

    La experiencia de mayo y junio de este año, debe ser asimilada y superada, no por los dirigentes, si acaso existe todavía un poco de conciencia histórica en algunos de ellos; sino por nosotros como pueblo consciente de su destino, los pequeños pasos que se vienen dando en varios centros urbanos, es el aliento de vida de un cuerpo que ha sido herido, pero que no está dispuesto a morir tampoco esta dispuesto a guardar “un silencio parecido a la estupidez”.

    Los pasillos del poder, cada día nos demuestran el ácido olor de la corrupción mientras miles de familias con el ánimo decaído, por la frustración de la derrota de COB no encuentra un referente de confianza que le acompañe en su caminar, por otra parte la maquinaria del poder mediático en manos del gobierno, va debilitando toda posibilidad de futuro, justificando detenciones, denostando a dirigentes y ex autoridades, el ejercicio del poder punitivo “legal” tiene su efecto: la sociedad se encuentra atemorizada no solamente por la violencia psicológica ejercida desde los medios, sino por la materialización de la violencia en las calles de los centros urbanos, violencia que no es frenada por el gobierno porque es parte de su estrategia de mantener la angustia social de sobrevivencia.

    “No hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista” dice una sentencia popular y los males ya superan 200 años de vida republicana, el Estado Plurinacional, que es la alternativa a esos 200 años tiene que que comenzar a volver a caminar con los pasos firmes de un pueblo que no está vencido.

  • El instrumento sigue siendo el camino: reconstruir el movimiento popular más allá del partido

    El instrumento sigue siendo el camino: reconstruir el movimiento popular más allá del partido

    La crisis del movimiento popular no radica en la ausencia de dirigentes ni en la debilidad de las organizaciones sociales. El verdadero problema es la pérdida de un horizonte estratégico capaz de articular la enorme diversidad del campo popular en un proyecto común de transformación. La discusión no es quién ocupa una dirigencia sindical o quién administra un partido político; la discusión es cómo volver a construir poder popular desde las raíces comunitarias del pueblo boliviano.

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  • Los hijos de Pizarro y Almagro en el palacio

    Los hijos de Pizarro y Almagro en el palacio

    Dos hechos recientes simbolizan el rumbo de una Bolivia que parece girar hacia el retorno del viejo Estado colonial, con sus amos y señores. El primero fue la presencia de Rodrigo Paz en la cumbre de los «escogidos» por Donald Trump en Estados Unidos, recogiendo los mandatos para cumplir al pie de la letra el documento «Escudo de las Américas». El segundo acontecimiento ocurrió cuando Felipe VI fue recibido con honores militares por los Colorados de Bolivia en el Palacio Quemado, con toda la familia de Paz Pereira brindando pleitesía a su majestad de la corona española.

    En pleno siglo XXI, no solo tenemos a los herederos de los saqueadores de la colonia, como los Almagro y los Pizarro; hoy tenemos también a los Paz Pereira, los Aramayo y los Lupo con su chip colonial intacto. Su actuar constituye otro insulto de esas autoridades a la historia, a la cultura y a la lucha anticolonial.

    Estamos asistiendo al retorno de los señores feudales que manejan el Estado y sus instituciones a su mejor arbitrio, olvidando que la actual Constitución nos impele a continuar con la lucha anticolonial. Esto es más grave aún cuando los nuevos amos y señores se imponen con la misma lógica de los «conquistadores». A estos nuevos escenarios nos lleva el gobierno de Paz Pereira, justo cuando creíamos que vivíamos en otra época. Hoy volvemos a ver rostros que besan la mano (y de ser posible los pies) de un monarca, cuyo padre pretendió hacer callar las voces rebeldes del Abya Yala, como sucedió con Hugo Chávez.

    Hoy volvemos a ver, una vez más, cuerpos genuflexos, arrodillados en señal de sumisión al pensamiento colonial-racista, repitiendo la historia de los «abogados doble cara» que nos señala el pasado. Si durante años hemos sufrido la imposición colonial de la lengua, hoy que las lenguas nativas se abren paso, los viejos inquisidores vuelven a decirle al mundo que no quieren hablar la «maldita» lengua del Abya Yala.

    Lo diseñado en la cumbre de Miami con los elegidos de Donald Trump es el inicio de otro Plan Cóndor. Aquella fue una operación de coordinación criminal y apoyo mutuo entre las dictaduras del Cono Sur, bajo supervisión de la CIA en los años setenta, para asesinar, espiar, vigilar, secuestrar, torturar e intercambiar ilegalmente a personas. Hoy América Latina sufre un nuevo «Plan Cóndor» para reimplantar el neoliberalismo con otro ropaje.

    Aquel Plan Cóndor fue una de las diversas operaciones que sembraron dictaduras militares para aplicar la teoría de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, atrapando a los pueblos bajo gobiernos terroristas de Estado, presuntamente para combatir el peligro del comunismo. Participaron en aquella operación, con mayor o menor grado de involucramiento, los regímenes dictatoriales del Cono Sur que Washington había impuesto o aprobado en Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, con Estados Unidos como jefe de la banda.

    El famoso acuerdo firmado en Florida se centra, fundamentalmente, en una articulación de esos países con el pretexto de luchar contra los cárteles y erradicarlos en Latinoamérica. Lo que se pretende es armar una coordinación continental férrea para desarticular al crimen organizado. Sin embargo, lo que llama poderosamente la atención es que quienes ya realizan ese trabajo contra el narcotráfico —principalmente países como México, Colombia y Perú— no fueron invitados a la mentada cumbre de Donald Trump. Tampoco estuvo Brasil, que más allá de esa agenda, también tiene compromisos con la seguridad y la garantía ciudadana.

    En consecuencia, se trata de un acuerdo orientado a articular redes, no solo para la lucha contra el narcotráfico, sino para retomar lo que se venía haciendo a fines del siglo anterior: ir a la caza de organizaciones, sus dirigencias y líderes. En este escenario, Estados Unidos transita hacia una doctrina distinta. No se trata de una formulación cerrada, sino de un conjunto de decisiones que apuntan en la misma dirección. Los acontecimientos recientes en Medio Oriente lo confirman. La acción militar coordinada entre Estados Unidos e Israel contra Irán responde a la nueva lógica de intervenir cuando se perciben amenazas directas al equilibrio estratégico y para preservar la credibilidad de la disuasión.

    Este cambio tiene implicaciones directas para Bolivia. El país deja de ser periférico. El narcotráfico, la debilidad institucional y la disputa por recursos estratégicos lo sitúan en una posición distinta. En la nueva lógica estadounidense, los países serán evaluados por tres variables: control territorial, estabilidad institucional y alineamiento estratégico.

    Sorprende escuchar a politólogos, sociólogos y periodistas obviar estas coordenadas, que están presentes en todas las manifestaciones del retorno al viejo Estado colonial y al neoliberalismo. Se inmutan ante la pobreza de su propio intelecto, otra demostración de colonialismo muy acorde con el pensamiento único de ese tiempo. Los vaivenes de la corrupción, el no saber nada de las maletas, el misterio de la gasolina «basura», el verticalismo en las imposiciones de los «operadores de palacio», son expresiones de la pervivencia de los genes de Pizarro y Almagro.

    El Estado colonial al que nos lleva este gobierno todavía se mueve en esas coordenadas, precedidas por esos habitus que no han logrado superar. La Asamblea Constituyente fue el espacio que innegablemente representó una ruptura en nuestra historia contemporánea, y en ella vimos retratadas las posturas de quienes defendían esas conductas coloniales y de quienes luchaban por su identidad y dignidad frente a imposiciones racistas.

    Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano

  • EL PUEBLO MOVILIZADO DERROTA AL FASCISMO

    EL PUEBLO MOVILIZADO DERROTA AL FASCISMO

    El imperialismo yanqui devela en cada acción que realiza, su verdadera esencia: atrás quedan las palabras huecas de democracia y libertad, para dar paso a la acción violenta para imponer sus designios. La invasión militar a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, forman parte de la piratería colonial que se creía desterrada desde el siglo pasado. En el plano comercial, el imperialismo deja de lado su cháchara sobre la mano invisible del mercado para convertirse en el más enconado proteccionista para impedir el ascenso de China. En lo político, se guarda en el bolsillo trasero todo acuerdo internacional que proclama la no intervención en asuntos internos de otros Estados para afirmar que gobernará Venezuela por su cuenta, hasta que estén dadas las condiciones para una transición a un gobierno que no sólo le sea fiel, sino útil. En lo militar, no tiene escrúpulo alguno de invadir un país soberano, dando una bofetada a la ONU y burlándose de todo principio de convivencia pacífica. Pero la respuesta del mundo multipolar que despierta tampoco deja dudas sobre el desenlace de estos actos piratas: las grandes potencias nucleares han advertido que no tolerarán otra intervención de ese tipo y los países del acuerdo BRICS han consensuado políticas para no depender más de la hegemonía yanqui en declive. Lo que aparentó ser una victoria militar sobre un pueblo digno y rebelde es, en realidad, el principio del fin de la hegemonía norteamericana; todos sus actos son típicos pataleos del ahogado y su margen de maniobra se reduce cada día que pasa.

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  • Declaración de guerra: Decreto Supremo 5503

    Declaración de guerra: Decreto Supremo 5503

    El Decreto Supremo 5503, del gobierno de Rodrigo Paz presentado como un plan de «estabilización» y «emergencia económica», representa la formalización de un programa neoliberal con nula diferencia al de Tuto. Su característica y hartante narrativa de «crisis terminal heredada» opera como un mito inaugural del shock, (misma estrategia que en Argentina o Ecuador), orientado a justificar el desmantelamiento acelerado del Estado Plurinacional, por más imperfecto que fuese, gestado tras las luchas históricas que dieron con él.

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  • GASOLINAZO: FÓRMULA NEOLIBERAL PARA DESCARGAR EL PESO DE LA CRISIS EN LAS ESPALDAS DEL PUEBLO TRABAJADOR

    GASOLINAZO: FÓRMULA NEOLIBERAL PARA DESCARGAR EL PESO DE LA CRISIS EN LAS ESPALDAS DEL PUEBLO TRABAJADOR

    Una vez más, el neoliberalismo en acción dispone medidas económicas en contra del pueblo trabajador. Como en las épocas de los Paz (Estenssoro y Zamora), Banzer, Sánchez de Losada, Tuto y demás derechistas, el gasolinazo es la forma en la que le roban a la gente de la calle su capacidad adquisitiva, para mejorar los ingresos de los ricos y de las empresas transnacionales que ahora lucrarán con el hambre del pueblo.

    Es ampliamente conocido que un aumento en el precio de carburantes genera inmediatamente un efecto multiplicador: a partir de ahora, absolutamente todos los precios subirán y la canasta familiar deberá reducirse. Los gestos teatreros de Paz Pereira repitiendo el nombre de la Patria contrastan dramáticamente con el hambre y tristeza para la inmensa mayoría del pueblo boliviano. Si alguno se hizo alguna ilusión con este gobierno, hoy deberá arrepentirse de haber creído en el mal menor.

    Los guevaristas sostuvimos públicamente que, cualquiera de los dos candidatos del balotaje que terminaría siendo elegido, pondría en marcha las medidas que ya habían sido previamente pactadas con el FMI, el Banco Mundial y otros instrumentos del imperialismo yanqui. Empezaron con perdonarles impuestos a los más ricos y ahora continúan con el gasolinazo. Intentan maquillar su crimen con un incremento en la Renta Dignidad, pero esos billetes no alcanzarán para cubrir las necesidades de miles de personas de la tercera edad que están ahora condenados a la miseria en sus últimos días.

    El alza en el precio del transporte pone fin a veinte años de tranquilidad económica en los hogares bolivianos; a partir de ahora, la consigna que lanza el gobierno neoliberal y fascista de Paz Pereira es sálvese quien pueda. Ahora, los neoliberales se aprestan a vender nuestras empresas a precio de gallina muerta para favorecer a las oligarquías.

    Desde el campo popular ya resuenan las voces desesperadas de los y las humildes que, en algún momento, fueron objeto de manipulación por los grandes medios de comunicación que nos mintieron creando pánico sobre una supuesta quiebra del Estado Plurinacional. Su objetivo no es otro que enterrarlo para volver a la vieja república neoliberal discriminadora, con un Estado y un gobierno al servicio de los ricos.

    Pero, ya desde las calles y los caminos, desde las comunidades y las laderas, de los barrios pobres y desde el pecho de la juventud, el grito empieza a transformarse en resistencia y organización.

    El guevarismo junto al pueblo, en pie de lucha, no dará tregua al fascismo vende patria.

    Bolivia, 18 de diciembre de 2025
    DIRECCIÓN NACIONAL
    Movimiento Guevarista de Bolivia / ELN

  • Frases para vender Bolivia

    Frases para vender Bolivia

    El presidente Rodrigo Paz Pereira ha lanzado una frase lapidaria: el Estado está muerto. Lo ha hecho a manera de graficar y dramatizar una denuncia sin pruebas, de que en el país se habría robado más de quince mil millones de dólares, durante el gobierno del MAS. Tal dislate trae a la memoria un discurso que la derecha lo festejó como memorable, cuando otro Paz nos dijo literalmente: “Bolivia se nos muere”. La frase y el discurso eran el prólogo al famoso decreto 21060 que, de un plumazo, desconoció todos los derechos laborales y sociales del pueblo boliviano, con decenas de miles de trabajadores mineros echados a la calle con el eufemismo de “relocalización”.

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  • Tuto… en el ocaso

    Tuto… en el ocaso

    Tuto envejeció intelectual y políticamente; avivó la llama racial en pleno ciclo electoral; polarizó regionalmente su candidatura subordinándose a los grupos de poder del oriente, sin perspectiva nacional; desplegó una retórica basada en el odio y la revancha, y se situó como el exponente de la extrema derecha creyendo que la sociedad plural boliviana era emuladora de los patrones de la sociedad occidentalizada que vitorea las consignas propias del fascismo en pleno siglo XXI. El resultado electoral le puso en el banquillo, abrumado por la derrota moral, política y democrática.

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