Otra ministra en terapia intensiva

La doctora Eydi Roca, Ministra de Salud, designada luego de descubrirse el negociado de los respiradores que puso fin a la gestión de Marcelo Navajas al frente de esa secretaria de Estado, se ha contagiado con el Covid 19. A manera de una despedida anticipada, ha grabado un mensaje profusamente difundido por el canal estatal, en el que calla demasiadas cosas y hace afirmaciones comunes que poco o nada aportan a la seguridad de la ciudadanía respecto a la marcha de una estrategia –¿la hay? – para enfrentar la pandemia.

Ni una sola palabra de autocrítica ha salido de boca de la ministra, en relación a los escándalos que han llenado de vergüenza al país, con la compra de equipos y material supuestamente destinado a combatir el corona virus que nos asola. Pero, eso sí, ha aprovechado la circunstancia para repetir la muletilla de la precariedad del sistema de salud heredado, haciendo caso a aquello de calumniad, calumniad, que algo quedará. Tampoco se ha referido a las catastróficas condiciones que cotidianamente deben enfrentar sus colegas en los diferentes centros de salud, desprovistos en muchos casos de los elementales recursos de seguridad que deben tenerse ante estas emergencias.

Dice que se ha hecho mucho, y da una retahíla de frases comunes que nada informan, aunque menciona algunos números de unos centenares de respiradores que se habrían comprado –¿se referirá a los que vinieron negociado de por medio, inservibles y con sobreprecio?– y a dos millones de barbijos. Algo ha afirmado de las pruebas que, en la medida que se aplican a la poblacion, van develando e incrementando las cifras de contagiados y de casos fatales. ¡Cómo olvidar, a estas alturas del relato, la alegre y despreocupada declaración de doña Jeaninne y su pandilla de ministros, asegurando que el país se encontraba perfectamente preparado para enfrentar la emergencia!

Pero lo novedoso del mensaje pre grabado de la ministra infectada ha sido su conmovedor compromiso con la democracia, afirmando que no debería haber contradicción con los cuidados que se deben tener en esta hora aciaga para la salud pública. A renglón seguido, ha señalado que el Tribunal Supremo Electoral no debería actuar solo en la definición de la fecha de las elecciones, sino que esta competencia debería trasladarse, nada más ni nada menos, que al Comité Científico, supuestamente a cargo de definir la estrategia para enfrentan la pandemia.

Pero, ¿qué pasa con ese famoso Comité? Hasta lo que se sabe, son varias las entidades de especialidades médicas que han denunciado no formar parte de él, que han sido excluidas sin mayores razones. Y también, hasta lo que se sabe, que está presidido por Mohammed Andrés Mostajo Radji, de quien se afirma que es licenciado en Ciencias, Biotecnología y Bioinformática de la Universidad del Instituto de Tecnología Rochester… o sea, el yerno de Jeaninne Añez, acusado de ser el cerebro gris del negociado de los respiradores y que, de la noche a la mañana, haciendo mofa de los protocolos que establece la Cancillería para éste y otros casos, tomó un avión y se fue para Estados Unidos, dizque a retomar sus funciones como Embajador Extraordinario en Ciencia, Tecnología e innovación (¿?) designado por su querida suegra, es decir, por la presidenta autoproclamada.

¿Qué puede esperarse de semejante personaje? ¿Es imaginable pensar que informará, sin sesgo alguno, que países como Francia han organizado recientemente elecciones en su territorio, tomando todas las precauciones del caso? ¿Que los “salvajes” a los que se refiere su suegra de facto serán capaces de ponerse el barbijo, los guantes y guardar la distancia social por unos minutos este próximo 6 de septiembre? ¡Vaya ingenuidad! Dirá exactamente todo lo contrario y, en resguardo de su sui generis cargo diplomático, sugerirá que las elecciones se posterguen hasta las calendas griegas, porque primero está la salud… de la familia.

La ministra Roca, a tiempo de terminar su mensaje pregrabado, no ha escapado a la tentación de repetir la bendición de dios para Bolivia, al más fino estilo de Goni Sanchez de Lozada, que nos pedía sacrificio para que “nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos” tuvieran mejor futuro, para darnos el mazazo de alguna medida económica neoliberal y consolarnos con la bendición mentada. Ojala la ministra se reponga pronto y asista al sepelio de esa segunda pandemia que asola Bolivia, bajo la forma de un gobierno dizque “constitucional”.

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