Un rechazo lleno de dignidad

El Movimiento al Socialismo ha hecho público su rechazo a la presencia de la OEA en las elecciones de septiembre próximo. La razón es también de dominio público: numerosos informes independientes han demostrado que la teoría del fraude electoral, que dio pie al golpe de Estado de noviembre pasado, fue en realidad un fraudulento informe cocinado con suficiente anticipación, con la finalidad de derrocar al gobierno popular de Evo Morales, molestosa piedra en el zapato de Donald Trump.

Es ya sabido que la tristemente célebre Misión de Observación Electoral de ese organismo –calificado por la sabiduría popular como verdadero Ministerio de Colonias yanqui– rompió sus propios protocolos y se pronunció antes de que el escrutinio hubiera finalizado. Primero alegó sospechas y, finalmente, terminó afirmando sin decirlo, que se había producido un fraude. El golpe de gracia lo asestaron los medios de comunicación, que se dieron a la tarea de fijar en la mente colectiva un supuesto dolo en el acto electoral. Pruebas nunca aparecieron y se sustituyeron con balbuceos que, con el paso del tiempo, dan cuenta de la penosa labor cumplida por ese organismo (norte) americano. No todo fue una tasa de leche; hubo voces honestas que se alzaron desde dentro de esa misión. Delegados de Argentina cuestionaron la forma y metodología abiertamente injerencista, pero fueron rápida y mediáticamente neutralizados, bajo la acusación de ser “espías”…

De idéntica manera a las elecciones de octubre 2019, hoy en día, todas las encuestas previas, desde las encargadas de manera permanente por la embajada norteamericana, hasta las proyectadas por entidades no tan dependientes y mucho menos afines al MAS IPSP, dan cuenta de la enorme y creciente ventaja que tienen los candidatos Luis Arce y David Choquehuanca sobre la variopinta oferta electoral de la derecha. Dato que contribuye también a evidenciar la inconsistencia de la teoría del fraude en las elecciones de octubre del pasado año.

Por esa razón, una repetición de la votación en términos porcentuales, es decir, que el MAS IPSP supere el 45% de votos y tenga una ventaja de más de diez puntos porcentuales sobre el segundo, pondrá en evidencia la burda tramoya instrumentada por Luis Almagro; quedará en el peor de los ridículos Carlos Mesa, que se animó a hacer leña del árbol caído, afirmando que le esquilmaron el triunfo mediante un “monumental fraude”; en tanto que la prensa funcional al imperio tendrá que hacer malabarismos verbales para explicar lo inexplicable. El Tribunal Supremo Electoral deberá nomas reconocer que, en Bolivia, los últimos votos escrutados, provenientes de las áreas rurales siempre fieles a su proyecto histórico y al liderazgo de Evo Morales, terminan por incrementar “de manera poco común” –para usar el léxico de los tecnócratas de la OEA– la ventaja que ya se torna inalcanzable.

¿Qué le queda a la derecha? ¿Intentar sobre la hora modificaciones a sus propios binomios, ensayando combinaciones con la creencia de la suma de partes? ¿Impedir a la mala, con fallos arbitrarios y abusos leguleyescos, la postulación del binomio Luis Arce – David Choquehuanca? ¿Mostrar un dramático empeoramiento de situación de la salud debido a la pandemia, para alegar que por responsabilidad no pueden realizarse los comicios? ¿Entregar el gobierno a las Fuerzas Armadas vía un autogolpe para que posterguen los comicios para otra oportunidad?

En léxico del amo imperial, todas las opciones están sobre la mesa. El poco creíble contagio de Jeaninne Añez con el COVID 19 parece formar parte del guión para enternecer a la población y convencer de que, si hasta la presidenta se contagia, los demás mortales –“salvajes” incluidos– morirán como moscas al día siguiente de concurrir a las urnas. Pero la sabia tozudez del pueblo se expresa cotidianamente, porque de sobra sabe que, en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso.

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