Movidos por el miedo al pueblo

En una reciente entrevista, Jorge “Tuto” Quiroga ha confesado su verdadera y única preocupación respecto al futuro del país. Lo ha dicho sin ambages: lo más importante es que el MAS nunca más vuelva a gobernar el país. A renglón seguido, luego de una tibia crítica a la candidatura de Jeaninne Añez –que seguramente algo de sombra le hace en su afán de sobrepasar su paupérrimo techo porcentual de la preferencia electoral– ha dicho que se aliaría con Fernando Camacho, con quien comparte el mismo miedo visceral y odio racista al pueblo.

Ni una sola palabra ha dicho de cómo debería enfrentarse la crisis política en la que el MAS IPSP, mal que le pese, es un factor ineludible a la hora de enhebrar alguna propuesta en ese sentido. Sus ideas neoliberales del dejar hacer y dejar pasar tampoco se traducen en una propuesta concreta de cómo enfrentar la crisis económica, qué hacer con la pandemia, cómo garantizar el empleo y los salarios. No. Su preocupación, así lo confiesa, es luchar “contra (¿Fidel y/o Raúl?) Castro en Cuba, contra Nicolás Maduro en Venezuela” y contra… ¿Evo en Bolivia? Cuando uno lo escucha, pareciera estar escuchando a Elliot Abrams, el defenestrado responsable de la política exterior norteamericana para derrocar al presidente venezolano.

¿Qué mueve a “Tuto”, a Fernando Camacho, a Carlos Mesa y a toda la derecha boliviana en su accionar político? El miedo. Evitar el retorno del pueblo al gobierno se ha convertido en una obsesión que los lleva a vender el alma al diablo, con tal de impedir la afrenta de tener a indios y cholos administrando su propio país, rechazando las recetas de los muy letrados economistas del FMI y negándoles competencias y atribuciones para llenarse los bolsillos con negociados abyectos que no paran aunque para ello se tenga que jugar con la salud y la vida de millones de compatriotas. Miedo que no es nuevo y que tiene larga data.

A los Tuto Quiroga de América Latina, como el fantoche de Bolsonaro en Brasil, Lenin Moreno en Ecuador, el tal Guaidó en Venezuela, por citar sólo a algunos, los mueve el miedo idéntico que hace más de cincuenta años motivo al imperialismo yanqui al que defienden y representan, a expulsar de la OEA a Cuba, bajo las mismas acusaciones que hoy levanta contra su propio pueblo el ministro Murillo: subversión, terrorismo, sedición…

Por ello, resuenan más vigentes que nunca, esas palabras dignas de Cuba en la reunión de cancilleres venales y llunkus que se reunieron en Punta del Este hace más de cincuenta años, para “condenar” a la Revolución liderada por Fidel Casto; y que hoy conviene recordarlas, porque el imperialismo cambia de personajes / preservativo pero nunca de intenciones y politicas. Así habló Cuba por todos los pobres y explotados del continente, de esas masas que tanto temen Tuto y compañía:

“Los une y los concita el miedo. Lo explica el miedo. No el miedo a la Revolución Cubana; el miedo a la revolución latinoamericana. No el miedo a los obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y sectores progresistas de las capas medias que han tomado revolucionariamente el poder en Cuba; sino el miedo a que los obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y sectores progresistas de las capas medias tomen revolucionariamente el poder en los pueblos oprimidos, hambrientos y explotados por los monopolios yanquis y la oligarquía reaccionaria de América; el miedo a que los pueblos saqueados del continente arrebaten las armas a sus opresores y se declaren, como Cuba, pueblos libres de América”.

Quedan 55 días para el 6 de septiembre. Entonces el pueblo responderá con despectiva indiferencia, a los deseos imperiales de que su candidato predilecto supere su porcentaje ridículo de la preferencia electoral; porque precisamente por sus comedidas y bien remuneradas acciones en otras partes del continente, en Bolivia nadie lo quiere.

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