Etiqueta: Oligarquía en Bolivia

En una reciente entrevista, Jorge “Tuto” Quiroga ha confesado su verdadera y única preocupación respecto al futuro del país. Lo ha dicho sin ambages: lo más importante es que el MAS nunca más vuelva a gobernar el país. A renglón seguido, luego de una tibia crítica a la candidatura de Jeaninne Añez –que seguramente algo de sombra le hace en su afán de sobrepasar su paupérrimo techo porcentual de la preferencia electoral– ha dicho que se aliaría con Fernando Camacho, con quien comparte el mismo miedo visceral y odio racista al pueblo.

Ni una sola palabra ha dicho de cómo debería enfrentarse la crisis política en la que el MAS IPSP, mal que le pese, es un factor ineludible a la hora de enhebrar alguna propuesta en ese sentido. Sus ideas neoliberales del dejar hacer y dejar pasar tampoco se traducen en una propuesta concreta de cómo enfrentar la crisis económica, qué hacer con la pandemia, cómo garantizar el empleo y los salarios. No. Su preocupación, así lo confiesa, es luchar “contra (¿Fidel y/o Raúl?) Castro en Cuba, contra Nicolás Maduro en Venezuela” y contra… ¿Evo en Bolivia? Cuando uno lo escucha, pareciera estar escuchando a Elliot Abrams, el defenestrado responsable de la política exterior norteamericana para derrocar al presidente venezolano.

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El titulo de la columna, es una frase extractada de una conferencia que diera Augusto Céspedes (el Chueco), el 24 de julio de 1973 en el instituto de Investigación y Capacitación Política “Carlos Montenegro”.

En esta conferencia titulada La táctica del golpe del 21 de julio de 1946 Augusto Céspedes caracteriza a la oligarquía en Bolivia como el grupo social y económico que “se mantiene en el poder mediante la violencia, una violencia sistemática y metódica” de élite y casta que además “asimilaba todo aquello que se llamaba revoluciones; las neutralizaban o las absorbían y continuaban mandando sin mayor preocupación”.

En esta misma conferencia hace referencia a esa democracia falsa y entreguista denunciando los abusos de la casa Grace, la Railway, las compañías molineras y las grandes empresas mineras.

Argumenta que el gobierno de Gualberto Villarroel, el presidente derrocado y asesinado en un farol de la plaza Murillo ese aciago 21 de julio, era acusado de nazi fascista, por exigir mejores precios para el estaño que se vendía a los EEUU y sus aliados a precio de gallina muerta. Calcula en bases a estudios realizados entonces por Fernando Baptista, que Bolivia había regalado 600 millones de dólares de entonces para la defensa de la civilización occidental.

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