El Estado y la Revolución

No, no son notas referidas a la obra de Lenin, que entre otras cosas debate el futuro del Estado y el carácter comunista de la revolución. Se trata de impugnar la creencia de que en Bolivia hubo una radical transformación del Estado colonial.

El Estado, esa forma heredada del sistema colonial, ha quedado como responsable de: “garantizar el bienestar, el desarrollo, la seguridad y la protección e igual dignidad de las personas, las naciones, los pueblos y las comunidades, y fomentar el respeto mutuo y el diálogo intracultural, intercultural y plurilingüe”. (Art. 9 inciso 2 de la CPE).

Hemos subrayado el tema de seguridad y protección, porque es una de las tareas que el Estado actual no cumple: La policía encargada de la seguridad de la población, ha perdido su credibilidad como institución protectora de derechos, el narcotráfico se ha convertido, institucionalmente, en el factor principal de corrupción, situación que se ha convertido en natural y por tanto aceptada en el seno de la sociedad.

El número elevado de feminicidios y la delincuencia, como en la población de Huajchilla, son la demostración que la seguridad y protección de la población no existe ¿Qué hacer?

La respuesta tiene que ver con el marco jurídico legal (CPE) y el Estado. La celebrada Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia se ha convertido en un texto estéril, deformado y librado a los vaivenes de la libre interpretación, creando figuras como la fuga permitida de los presos, basada en los intersticios de los Códigos, que permiten librar de la prisión a feminicidas y delincuentes amparados en figuras “legales” implementadas por consorcios de los encargados de administrar la justicia.

El viejo Estado colonial sigue vigente y el sistema judicial mantiene la matriz de funcionamiento de la famosa y colonial Audiencia de Charcas, la protección del Estado se encuentra al servicio de los que tienen poder económico que siempre está ligado a los que detentan poder político, por lo tanto, no somos iguales ante la ley, más bien la ley nos hace desiguales.

En Bolivia la primera Asamblea Constituyente, como señala Charles W. Arnade, fue una “Asamblea de tránsfugas” donde la mayoría “…eran oportunistas que habían usurpado los sitiales pertenecientes a los veteranos de la guerra de diez y seis años; estos demagogos habían ocultado con éxito sus actuaciones de fidelidad al rey.

Habían venido a la sala de la Universidad para debatir su propio futuro personal con total desconsideración por el bienestar de Charcas y su pueblo” ese origen de continuidad colonial, obligó a los pueblos originarios a plantear un nuevo Estado, las mejores intenciones, para este propósito fue nuevamente traicionado, porque, como señalamos, la CPE se ha quedado convertida en una pieza literaria sin aplicación material que demuestre un proceso descolonizador.

La violencia, sin castigo está garantizada por los consorcios de abogados, jueces, diligencieros, vocales, etc., que actúan de acuerdo a su propio interés sin importar el bienestar y justicia para el pueblo.

El escenario político de hoy, se encuentra debatiendo traiciones, expulsiones, fidelidades y maniobras desestabilizadoras. Se ha perdido el horizonte histórico revolucionario de cambiar el Estado; el sujeto revolucionario se ha enfrascado en una lucha por conquistar pequeños espacios de poder que le concede la siempre dirigente clase media; estudiada y formada en la universidad neoliberal que propicia golpes de Estado y se convierte en cuartel de grupos paramilitares, estamos claramente en un proceso de involución de la revolución.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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