Hemos recordado la cruel y despiadada muerte de Julián Apaza, Túpac Katari, cuando Francisco Tadeo Diez de Medina, comisionado para el efecto, condenó al caudillo a ser descuartizado en la plaza del pueblo de Peñas, rodeado de los representantes del poder colonial, en 1781.

Este hecho más allá de un claro simbolismo que nos retrotrae aquella frase que removió los cimientos del pueblo aymara: “Volveré y seré millones”, y que nos anuncia un nuevo tiempo tras los resultados del 18 de octubre, tiene alto contenido emancipador de los pueblos y convocatoria a la unidad.

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