¿A quién le interesa la división del MAS?

La respuesta parece obvia, pero definitivamente no lo es. Más allá de cómo se nos presentan a los ojos las cosas, es preciso entenderlas en sus lógicas internas, en sus vericuetos, en sus idas y vueltas, para comprenderlas no solo en sus formas, sino también en sus contenidos.

Pese a su alejamiento del Gobierno, indudablemente Evo Morales continúa siendo el contingente donde se atesora la esperanza de los sectores más pobres del país: del pequeño productor campesino, del migrante que vive en las zonas suburbanas que circundan nuestras ciudades capitales, del trabajador por cuenta propia, de los constructores, maestros y ayudantes, del vendedor ambulante.

En definitiva, es la esperanza de aquel sujeto histórico que peleo quince años en las republiquetas, antes de la primera independencia de 1825; el mismo que una vez lograda la independencia, se retiró derrotado pues la independencia por la que había luchado, tenía como dirigentes a los que había combatido; ese mismo sujeto que se planteó el gobierno indio con el Zarate Willka y sus ejércitos, quienes permitieron que los cholos paceños, mineros del estaño, defenestraran del poder a los empobrecidos criollos chuquisaqueños de la plata, para luego traicionarlos asesinando ademas a su caudillo.

El mismo sujeto que se hizo carne de la revolución de 1952, realizó por acción directa la reforma agraria, formó las milicias campesinas y fortaleció al gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), para después ser desarmado y perseguido por un renovado ejército que, bajo la doctrina norteamericana de la seguridad nacional, lo convirtió en el enemigo interno. Es el mismo sujeto histórico que en la Asamblea del Pueblo fue ninguneado por la clase obrera y, pese a eso, siguió apoyando al Gobierno de Torres, en el marco de la alianza obrero-campesina. Es el sujeto que hizo posible la resistencia a la dictadura de Banzer y, pese a sufrir masacres, produjo el Manifiesto de Tiawanaku, quebró el pacto militar-campesino y años después hizo gobierno a la Unidad Democrática y Popular (UDP) de Siles Suazo para quedar “literalmente colgado” y puesto en manos del mirismo y del pazestensorismo. Es ese mismo sujeto histórico que resistió al neoliberalismo para hacer gobierno a Evo Morales.

Y pese a que durante el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) no hubieron políticas de Estado que privilegien, empoderen y fortalezcan al pequeño productor, que garanticen su producción de alimentos para hacer efectiva la soberanía alimentaria, que accedan a un crédito barato para hacer posible su producción y comercialización en condiciones favorables –pues ese tipo de políticas económicas fueron orientadas para el sector agropecuario privado–, ese sujeto histórico, continúa siendo leal a Evo Morales.

Ese sujeto constituye más del 33% de la población boliviana. Ese es el real potencial político de Evo y por eso es un peligro para la antipatria y ahora esas bases pobres son “un objetivo” a ser destruido o por lo menos dividido.
Y a esa tarea ahora se ha dado la derecha antinacional, que una vez más los identifica y califica como salvajes, bárbaros, irracionales, desalmados y otros calificativos muy propios de la Inquisición y de los procesos de extirpación de idolatrías de la época colonial.

Durante el gobierno de Evo, muchas veces nos preguntábamos por lo erradas que parecían algunas decisiones que se tomaban generalmente en contra de los intereses del sujeto histórico que señalamos. El tiempo nos hizo entender que un error no se planifica y esos errores eran milimétricamente calculados y planificados y, por tanto, no eran errores, sino decisiones muy conscientes, que favorecían a unas clases sociales en desmedro de otras. No terminábamos de entender que en el MAS convivían dos proyectos político/económicos/culturales diferentes, que pugnaban por lograr hegemonía al interior del Proceso de Cambio. Y pese a ello, no había división, porque el liderazgo de Evo era el cemento que unificaba al bloque histórico que se había constituido.

Y curiosamente, ahora, en una suerte de casual coincidencia, temporal con un momento de extrema debilidad del gobierno de la presidenta Áñez, aparecen en los labios de una diputada del MAS expresiones que rayan en lo insólito, por la batería de adjetivos calificativos con los que describe la conducta de otras diputadas Bartolinas de la ciudad de La Paz.

Eso que parece una pelea entre fracciones, debe ser leído en su real dimensión. Es otro error milimétricamente calculado y responde a dividir a las bases de Evo, calificándolas a unas de buenas y otras… en un lenguaje muy parecido a quienes se hicieron del gobierno no precisamente por la puerta.

Es impresionante cómo los sectores conservadores del Gobierno salieron a defender a “las pobres campesinas”, en otro acto de absoluta doble moral; es increíble cómo los medios, que atentan contra el derecho a la informacion, amplificaron el hecho. Y ademas… sabremos algun día cómo y quién filtró esa grabación.

Casualidad, ¿cuándo el tema de fondo era un proyecto de ley para convocar a elecciones a la brevedad posible?
¿Fue un acto de “emoción violenta” esa agresión a la mitad de la base social de apoyo de Evo Morales? ¿Quién cargó esa arma que disparó en un momento tan preciso esa ráfaga de proyectiles que anuncia que el MAS está dividido? No, no puede ser una casualidad.

Definitivamente los intereses neocoloniales lo quieren a Evo, si no muerto al menos dividido en su base de apoyo. Pese a sus errores, Evo Morales sigue siendo un caudillo incómodo para los intereses antinacionales.
Vayamos a las causas, no nos quedemos en la apariencia. Hay una mano que sigue meciendo la cuna. El movimiento popular debe identificar a quiénes, ayer como hoy, les interesa dividir a las bases del proyecto histórico del socialismo comunitario y el Vivir Bien.


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