Las instituciones de la modernidad, vale decir las instituciones de la sociedad liberal y burguesa, históricamente han demostrado ser absolutamente funcionales a las coyunturas económicas y por consiguiente también politicas, vigentes en el mundo.

Bajo este concepto, democracia y dictadura en sus diferentes olas, son las dos caras de la misma moneda, absolutamente funcionales a los intereses estratégicos y geoestratégicos de las potencias mundiales.

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