Los pactos coloniales


En las redes sociales de manera insistente, se leen estas opiniones: “¡Hasta cuándo vamos soportar que nos roben de frente! ¡Por qué seguimos aguantando este gobierno saqueador!” Y es que el gobierno ha demostrado un descaro total a la hora de honrar los diez mandamientos de una biblia que sólo fue un adorno en manos blasfemas.

Por otra parte, estos lamentos que no conducen a nada, se convirtieron en reproche cuando las organizaciones de pueblos originarios decidieron desalojar del Palacio Quemado a los “sepulcros blanqueados”, de quienes la Biblia sentencia: “¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre. Así también ustedes, por fuera dan la impresión de ser justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.”

Los políticos profesionales, los que ganan con la política, rápidamente vieron peligrar sus ambiciones y se sentaron en la misma mesa, con los verdugos del pueblo para llegar, una vez más, a un pacto colonial.

La democracia, esa abstracción que ha servido para someter conciencias y mantener a flote a logias, roscas, fraternidades, asociaciones, comités, y otros dispositivos que se benefician de una idea, para mantener el dominio de porciones de poder económico, político y cultural heredados de práctica colonial de posesión.

Los ciclos de la emergencia del rostro violento del colonialismo, definen la historia de Bolivia, Tomás Katari, Túpac Katari, Bartolina Sisa, Zarate Willka, Isidoro Belzu, Gualberto Villarroel, Marcelo Quiroga, Luis Espinal, son algunos representantes de ese cuerpo flagelado impunemente por el látigo colonial que tiene la capacidad de cambiar de forma y color pero por dentro “están llenos de huesos de muertos y de podredumbre”.

Los muertos vivientes hoy se presentan en motocicletas, pertrechados de su arsenal violento que reemplazan a los caballos del apocalipsis, pero el mensaje es el mismo.

“Todos somos bolivianos”, es el lema para frenar a las masas de hambrientos que piden pan y libertad y no es verdad, no todos somos bolivianos, cuando se “inventó” el Estado-nación denominado República de Bolívar, se fracturaron territorios, familias, culturas, para beneficio de unos pocos. Bolivia es una ficción, una apariencia, demostrada por la historia y sus protagonistas.

La pereza mental, que alimenta las pasiones, nos ha mantenido encerrados en discursos y retruécanos leguleyescos (para citar a Zavaleta) que nos distraen de una correcta lectura de la realidad, esa lectura que deberían tener los que se autonombran de “marxistas”, pero como dice el mismo Marx, “el ser social determina la conciencia” y el marxismo se instaló en la clase media que no se ha despojado de su habitus colonial.

Son días aciagos para una sociedad que mantiene las apariencias de ser democrática, y que no quiere reconocer las raíces profundas que alimentan el racismo como ordenadora de la sociedad.
Hoy como en tiempos de los Amarus y Kataris, la lucha es anticolonial, lucha que va más allá de los 200 años de Marx, es una lucha y pensamiento de más de 500 años.

Así, algunos lectores de Marx, deberán aceptar su ignorancia para comprender la realidad de los pueblos originarios, sus rebeliones, sus ideas, que como en agosto pasado fue aplacado para que el saqueo colonial siga su marcha.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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