La debilidad del gobierno de Áñez cada día se manifiesta más. Ya no tienen como encubrirla. Se le fueron sus aliados de las funestas jornadas de noviembre.

Fernando Camacho, después de “empotrar” a su gente en cargos que generan dineros rápidos y mal habidos, se alejó y le pidió a su presidenta renuncie a la candidatura.

Carlos Mesa, en su barroco estilo, adornado de paráfrasis, le dice a Áñez que no está a la altura de las circunstancias (como en la UDP, entre Paz Estenssoro y Lechín le pidieron a Siles Zuazo en el Colegio Inglés Católico que acorte su mandato presidencial), solicita un diálogo nacional para acordar fecha de elecciones (léase plazo para dejar el poder) entre actores sociales, empresarios y trabajadores, partidos políticos y obviamente la Iglesia católica, hoy manejada por una jerarquía de escribas y fariseos.

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