Etiqueta: Pititas

Hay quienes pregonan, haciendo laureles de su inteligencia, la gran ignorancia del pueblo boliviano. “Son unos ignorantes!” gritan, “están todos manipulados, se aprovechan de la gente humilde porque ellos no entienden nada”. Así van los comentarios de los estudiados, los egresados, los “seres superiores” llamados pititas. Y atribuyen, además, este conocimiento celestial al haber investigado y leído.

Tenemos la esperanza, y personalmente soy más optimista, de que en el movimiento pitita hubieron algunos con mejores intenciones que podrían abrir su mente a unirse en la búsqueda del bienestar común, la búsqueda de un sistema más justo e incluyente. Pero también hay muchos otros que están en la urgente necesidad de visitar a un psicólogo, porque, en realidad, tienen que investigar mucho mejor y mucho más, señores pititas…

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Estamos en campaña electoral y son tiempos difíciles para los bolivianos, la derecha y el gobierno hacen política en base a una guerra jurídica con procedimientos ilegales e ilegítimos, usando y abusando del poder judicial, persiguen por opinar, reprimen y castigan en base a “convicciones” o “interpretaciones”. Difícil porque es una época de sistemático engaño, distinguir posverdad y noticia falsa de la verdad es casi imposible. Los golpistas del siglo XXI no solo necesitan sacrificios humanos como en Sacaba y Senkata, necesitan sacrificar también la verdad.

Los Tiempos de Cochabamba en su edición del Domingo (06-09-2020) acaba de dar un ejemplo de cómo asesinar la verdad, en el sonado caso de la consultora estadounidense CLS Strategies, informa que dos de las cuentas falsas creadas para apoyar al Gobierno transitorio y que una de las páginas falsas de Facebook, Prohibido olvidar, publicó contenido principalmente sobre denuncias de fraude electoral, tenía 524 me gusta y 595 seguidores. Otra página falsa de Facebook boliviana, Bolificado, se describió a sí misma como una operación de verificación de hechos y en al menos una ocasión contradijo los hallazgos de verificadores de hechos bolivianos auténticos. Para esta labor de desinformación y de mentiras el gobierno se comprometió a pagar noventa mil dólares del dinero de los bolivianos.

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Cada día que pasa sucede un golpe cuál un puño en el estómago que nos quita la respiración y nos hace perder la esperanza para seguir adelante.

Empezó con un bloqueo largo y tendido, con unas pitas alimentadas por señoras bien, con unas motos manejadas por hombres bien armados que mostraron su machismo atacando a mujeres de pollera, continuo con acciones violentas que reprimieron con gases y con balas que dispararon a quemarropa al pueblo que salió a defender su piel, sus derechos y sus bonos. Nos impactaron con muertes en Senkata y en Huayllani y con detenciones a diestra y siniestra, golpeando, secuestrando y torturando a miles de inocentes. Compraron a policías y militares con dinero y con ascensos para que estén a su servicio y para que atenten contra sus propios compatriotas. Prefirieron adquirir gases y balas para reprimir, en lugar de remedios y equipo para curar el contagio.

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Una reciente declaración de una ex embajadora, que fue además diputada y candidata para la alcaldía de la ciudad de La Paz, pone en el tapete el rol de la clase media y sus intelectuales en el desgaste del proceso de cambio.

El rol de la clase media en procesos revolucionarios ha sido siempre tema de debate permanente en la izquierda porque considerados como aliados naturales de la burguesía, tarde o temprano terminan apoyando a esta.

En nuestro país la llamada clase media comparte con las elites coloniales su concepto de progreso y desarrollo basado en la acumulación capitalista y, en lo cultural cultiva los valores occidentales, vive con los viejos aires del viejo París o las brumas londinenses y los más jóvenes con la quinta avenida o disneylandia.

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Literalmente, el escándalo por la compra de los respiradores o ventiladores hecha por la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho, tira excrementos por todo lado e intenta –por la vía de los grandes medios– involucrar hasta al defenestrado MAS, como culpable del delincuencial y doloso negociado que se hace con la salud del pueblo.

El tema, políticamente manejado, encuentra a dos seudo contrincantes en posición de apronte, aunque repartiéndose sonrisas por si acaso esto termine por favorecer al candidato de los salvajes e indios. Carlos Mesa se frota las manos, cada vez que salen a luz los nombres de los ministros, viceministros, directores, cónsules y demás comedidos que, de seguro, algo mordieron con el sobreprecio desvergonzado. Finalmente, piensa, son hombres y mujeres de la otra candidata.

El tema es serio. No han sido unos cuantos centavos, ni el famoso “10% de comisión” de las compras estatales: se trata de un sobreprecio que va más allá de la prudencia; entre tres y cuatro veces el valor real de mercado, por cada aparato, además de caro, inservible. ¿Dónde está ese dinero? ¿Se evaporó? Tal vez una respuesta audaz del muy inteligente ministro Murillo es que esa platita está en los bolsillos del Evo en Buenos Aires, ya que su aparato de inteligencia ha detectado que “Fernando Valenzuela, responsable de la Dirección Jurídica del Ministerio de Salud, fue relacionado con el MAS ya que llegó a esa cartera de Estado junto a Gabriela Montaño”; como reseña una comedida nota de prensa. En suma, todos salpicados, menos el ilustre e ilustrado candidato Carlos Mesa, pieza de recambio de la embajada norteamericana, seguramente preocupada porque su mujer de confianza le salió corneta.

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Con inusual rapidez y eficiencia, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha procedido a conceder préstamos a, hasta ahora, once países de América Latina. Los gobiernos que han solicitado tal asistencia financiera, lo hacen en nombre de la emergencia del corona virus y la necesidad de disponer de fondos que permitan rápidamente combatir la pandemia… dizque. Todo indicaría que dicho organismo, de triste fama en la región, habría finalmente adquirido un compromiso con los pobres países que han sido viralmente castigados.

Uno de los primeros y solícitos gobiernos que ha estirado la mano ha sido la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho. Nuevamente, como en vergonzosas épocas que creíamos superadas, ha mostrado el muñón de país mendigo, que requiere de la urgente asistencia de la cooperación internacional. Y el FMI, benévolo como siempre con los gobiernos que le son sumisos, ha admitido sin mucho trámite la solicitud.

No ha sido la misma respuesta con los gobiernos de Venezuela y Nicaragua. Ambos gobiernos, confiados en que la buena fe primaría esta vez ante la emergencia mundial que ha despertado solidaridades impensadas y ratificado tozudeces imperiales, pensaron que dichos recursos estaban al alcance de quienes verdaderamente los necesitan. Venezuela, por ejemplo, un país castigado de manera inmisericorde por la decisión de los halcones de Washington de defenestrar al presidente Nicolás Maduro a como dé lugar, se encuentra agobiada por un cerco muy parecido al bloqueo económico que mantiene Estados Unidos sobre Cuba, desde hace siete décadas. El verdadero rostro del FMI –es decir, aquel que refleja qué intereses representa, de dónde vienen esos recursos y para qué sirven– se puso de manifiesto ante la también inmediata y oportuna negativa a ceder un solo centavo a regímenes que no son del agrado de Washington.

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La debilidad del gobierno de Áñez cada día se manifiesta más. Ya no tienen como encubrirla. Se le fueron sus aliados de las funestas jornadas de noviembre.

Fernando Camacho, después de “empotrar” a su gente en cargos que generan dineros rápidos y mal habidos, se alejó y le pidió a su presidenta renuncie a la candidatura.

Carlos Mesa, en su barroco estilo, adornado de paráfrasis, le dice a Áñez que no está a la altura de las circunstancias (como en la UDP, entre Paz Estenssoro y Lechín le pidieron a Siles Zuazo en el Colegio Inglés Católico que acorte su mandato presidencial), solicita un diálogo nacional para acordar fecha de elecciones (léase plazo para dejar el poder) entre actores sociales, empresarios y trabajadores, partidos políticos y obviamente la Iglesia católica, hoy manejada por una jerarquía de escribas y fariseos.

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