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  • A 15 años del 24 de mayo y la lucha contra el racismo continua

    A 15 años del 24 de mayo y la lucha contra el racismo continua

    Han pasado 15 años desde aquel horrendo y criminal acto de racismo cometido contra campesinos en Sucre, el 24 de mayo de 2008. Sin embargo, los niveles de odio racial y discriminación siguen siendo alarmantemente altos en la sociedad boliviana.

    Teníamos la esperanza de que la población de todo el país fuera capaz de superar esas viejas taras, herencia de un “Estado aparente” que durante casi dos siglos se construyó sobre tensiones regionales y confrontaciones militares.

    Los esfuerzos por consagrar en la Constitución Política del Estado principios que permitan construir un país libre de racismo no han tenido el eco esperado. A pesar de la promulgación de la Ley Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, amplios sectores de la sociedad boliviana insisten en sostener un complejo de superioridad basado en un racismo anacrónico.

    Este enfrentamiento se ha convertido en una afrenta para ciertos sectores de la clase media, que no toleran la presencia indígena en los espacios de poder que creían suyos por derecho. De ahí su ensañamiento, traducido en un odio cotidiano que se expresa sin pudor en redes sociales y en los medios de comunicación que controlan.

    En Sucre, una vez más, el rostro racista y xenófobo recorre las calles. Se agrede a los quechuas que hoy detentan poder político. Las élites racistas manipulan a hordas llenas de odio que arremeten contra la institucionalidad del Estado. Otra vez buscan sangre.

    Por eso, no sorprende que esta casta colonial —que aún se asume de “sangre azul”— sea objeto de crítica por sus actitudes xenófobas y su forma de relacionarse con autoridades del interior del país. La memoria colectiva aún guarda las imágenes de aquellas humillaciones racistas en la plaza 25 de Mayo.

    Estas actitudes nos remiten a los tiempos de la Asamblea Constituyente y a las dirigencias de esa llamada “clase media” que, como bien apuntó un humorista, no es más que una “media clase”.

    Los entretelones del poder revelan la existencia, en Sucre, Santa Cruz y otras regiones, de un entramado entre diversos factores de poder: iglesias, agroindustria, logias, sistemas educativos, autoridades de las FFAA, Policía y colegios profesionales. Esta red de poder se asemeja al sistema organizativo de la Edad Media (siglos V al XV).

    Todo esto sucede hoy, y es difundido por los modernos “juglares”: los medios de comunicación, que en Sucre, Santa Cruz y otras regiones, parecen querer imponer un modo de vida medieval al resto del país.

    Superar el racismo implica asumir el principio del reconocimiento de la diferencia. Una diferencia que no supone jerarquía, sino valoración positiva.

    La convivencia entre pueblos originarios en distintos territorios ha avanzado sin mayores conflictos. Pero cuando entran en juego intereses particulares de ciertas élites regionales, el argumento racista vuelve a ser utilizado como herramienta para proteger privilegios.

    La Bolivia del odio y la discriminación no debería seguir siendo la preocupación principal, quince años después. Pero eso no significa que debamos cruzarnos de brazos.

    ¡Que esta vez la justicia sea implacable y se ponga fin a la violencia fascista!

    *Luis Camilo Romero, es comunicador para América Latina el Caribe

  • San Francisco colonial y colonizante

    San Francisco colonial y colonizante

    Mi ingenuidad respecto a la mentalidad colonial que existe en ciertas élites de la ciudad de Sucre, ha quedado muy maltrecha, porque pensé que los hechos de mayo del 2008, habían calado de manera definitiva en las conciencias herederas de la señorial Audiencia de Charcas, pero no, esta terca realidad que golpea y golpea nos dice que la colonialidad se encuentra muy presente, viva y reproduciéndose nada menos que en la Universidad!!

    Cuánta razón tiene el señor Foucault, cuando señala que los dispositivos reproducen el poder, en nuestro caso los dispositivos del saber adquirido, como la Universidad que, esta visto, reproduce el poder colonial.

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  • La violencia paramilitar

    La violencia paramilitar

    Sucre ha sido conocida como “capital del racismo” por los sucesos del año 2008, cuando ninguna organización ni autoridad pudo frenar los actos racistas contra representantes de pueblos originarios, desde ese momento la ciudad de Sucre tuvo manifestaciones racistas como el cuestionamiento a las imágenes de Zarate Willka en los billetes de 50 bolivianos.

    Hoy la población de Sucre asiste a nuevos hechos violentos, pero por parte de grupos paramilitares que cuentan con la complicidad de la policía boliviana, para nadie es desconocido que el grupo paramilitar organizado en Cochabamba es el grupo de choque activo que tiene el núcleo golpista para generar hechos violentos, alentado por el propio gobierno a la cabeza de su ministro Arturo Murillo.

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  • El terrorismo es premiado en Bolivia

    El terrorismo es premiado en Bolivia

    La prensa nacional da cuenta de un bochornoso incidente policial en la ciudad de Sucre: un grupo paramilitar de la tristemente célebre Unión Juvenil Cruceñista fue detenido in fraganti, portando drogas y armas que, de acuerdo al reporte oficial, tendrían por objeto sembrar caos y anarquía en la capital del Estado Plurinacional de Bolivia, so pretexto de defender la democracia.

    Sorprende el accionar represivo del gobierno de facto; probablemente porque la flagrancia era tal, no les quedó otra que actuar. Porque, desde los más altos niveles –y nos referimos puntualmente al ministro de Gobierno Arturo Murillo– la actitud y las instructivas no eran de simple hacerse de la vista gorda, sino de apoyo concreto a estos grupos violentos que fueron artífices de ataques a las pacíficas manifestaciones que se dieron y se dan a lo largo y ancho del país, y que buscan recuperar la democracia y que se respeten los derechos elementales de los ciudadanos.

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  • IMILLA P’ASPOSA”

    IMILLA P’ASPOSA”

    “Esta imilla p’asposa quiere ser presidente”, reza uno de los miles mensajes racistas, que circulan en las redes sociales. La destinataria de esta frase es, nada menos, que la presidenta del Congreso nacional, que al parecer queda disminuida con el nombre de Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). Estamos hablando del único poder legítimo y legal de nuestro Estado y por supuesto el más democrático.

    La frase “imilla p’asposa” es la expresión de los genes racistas, que un estrato de la población boliviana conserva como un atributo de su complejo de superioridad.

    Hoy la práctica del racismo se ha naturalizado, el gobierno de facto se olvidó de la ley que castiga las prácticas racistas – seguramente por su propia naturaleza- que impulsaron la quema de la wiphala en los días de su violenta investidura.

    Estamos desprotegidos si no se cumple con la Constitución Política del Estado. ¿Cómo podemos esperar que se cumpla la Ley 045? Hemos vuelto en términos de sociedad al tiempo de Francisco de Ávila, primer cura que se encargó de la “extirpación de idolatrías” en 1608.

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