Etiqueta: Oligarquía agroindustrial

  • Santa Cruz S.A. el mito que nos costó doscientos años de crédito ajeno

    Santa Cruz S.A. el mito que nos costó doscientos años de crédito ajeno

    Hay una frase que Santa Cruz repite de sí misma con tanta frecuencia que ha dejado de sonar a relato y empezó a sonar a hecho: la región se hizo sola, a pulso, sin ayuda del Estado, mientras el resto del país vivía de subsidios y prebendas. Es una frase útil. Explica por qué su élite merece lo que tiene, por qué no debe rendirle cuentas a nadie y por qué cualquier intento de regularla es, casi por definición, un ataque a la libertad de trabajar. El problema es que la frase es falsa, y no lo es por matiz: lo es por los números.

    La mitad de todos los créditos rurales que otorgaba el Banco Central de Bolivia se concentraba en un grupo reducido de prestatarios cruceños. Tres décadas después, bajo el gobierno de Banzer, hasta el noventa por ciento de los préstamos del Banco Agrícola de Bolivia terminaba en ese único departamento, y en la banca comercial la cifra rondaba el sesenta y ocho por ciento. La región que hoy se presenta como la más autosuficiente del país fue, durante buena parte del siglo XX, la más subsidiada por el Estado que dice haberla abandonado. No es una interpretación: es el registro de los propios bancos estatales y comerciales de la época.

    Ese subsidio no se detuvo con la democracia ni con el fin del ciclo militar. Cambió de forma. Hoy no llega como crédito preferencial, sino como tolerancia fiscal. Las principales empresas soyeras del país facturaron, en 2023, ingresos operativos superiores a los dos mil millones de dólares. Sus impuestos a las utilidades representaron apenas el dos por ciento de esa facturación. No es una cifra aproximada ni una acusación militante: es un dato de Oxfam replicado por investigación independiente sobre los estados financieros del sector. Un departamento que exporta soya, carne y madera a escala industrial, que desmonta más bosque que ningún otro en Bolivia, devuelve al Estado una fracción marginal de lo que extrae. La pregunta que cabe hacerse no es si Santa Cruz «aporta» a Bolivia. Es a quién, exactamente, le aporta ese modelo.

    La respuesta tiene nombre y apellido, literalmente. Los registros de los juzgados agrarios cruceños entre 1953 y 1981 permiten reconstruir con nombre propio a las familias que recibieron las grandes dotaciones de tierra fiscal del período: decenas de miles de hectáreas repartidas entre un puñado de apellidos que hoy siguen apareciendo en las cámaras empresariales, en las gobernaciones y en los gabinetes ministeriales, generación tras generación. El latifundio boliviano no desapareció con ninguna reforma agraria. Se transformó: fue «empresa agrícola» en 1953, clientelismo militar en los setenta, mercado de tierras bajo la Ley INRA en los noventa, y hoy es un portafolio disperso entre sociedades anónimas y fondos de inversión, diseñado precisamente para que resulte imposible rastrear con las herramientas de control del siglo pasado a quién pertenece, en el fondo, la tierra boliviana.

    Ese despojo territorial nunca fue solo económico. Se ejerció también, de manera sistemática, sobre los cuerpos que sostenían la producción. El Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas documentó en 2009 testimonios de comunidades guaraníes sobre niñas entregadas a los patrones bajo la promesa de educarlas en la ciudad, que volvían embarazadas o que directamente no volvían. Investigaciones más recientes sobre la identidad cruceña registran, todavía hoy, el testimonio de una práctica naturalizada entre familias patronales: incentivar a los hijos varones a iniciarse sexualmente con trabajadoras domésticas indígenas menores de edad. Esta no es una anécdota lateral de la historia regional. Es, según muestra la evidencia documental disponible, uno de los mecanismos constitutivos de la relación de poder entre la élite cruceña y los cuerpos indígenas que sostuvieron su enriquecimiento: el trabajo forzado sobre los hombres, la violencia sexual sobre las mujeres y las niñas. El mito del «buen patrón», tan repetido en el imaginario oriental frente a la conflictividad más visible de otras regiones del país, no borra esa violencia. La invisibiliza.

    Vale la pena decir con claridad por qué esto importa hoy, más allá del método, estudio o análisis que utilices para interpretar la historia. El país discute, una vez más, si el problema de Bolivia es el Estado o el mercado, si la salida pasa por más apertura al capital privado o por más regulación pública. Esa discusión, planteada así, es una trampa, porque presupone que en algún momento Santa Cruz operó fuera del Estado, cuando en realidad se construyó dentro de él, a través de él y gracias a él, solo que en beneficio de muy pocos. El mismo modelo que hoy exige menos impuestos y menos regulación es el que, durante ochenta años, exigió y obtuvo créditos preferenciales, tierra fiscal gratuita, subsidios al diésel y tolerancia frente al desmonte ilegal. No hay ninguna contradicción entre pedir «menos Estado» para las obligaciones y haber construido toda una fortuna gracias a «más Estado» en los privilegios. Es, de hecho, el mismo gesto: capturar el aparato público para privatizar sus beneficios y socializar sus costos.

    De ahí que desmontar este mito no sea solo un ejercicio de justicia histórica, sino una tarea política urgente. Mientras el relato de la autosuficiencia cruceña siga funcionando como sentido común, cualquier intento de exigirle a esa élite que devuelva al país una fracción razonable de lo que ha extraído seguirá leyéndose como una agresión, y no como lo que efectivamente es: el cobro, con dos generaciones de retraso, de una deuda histórica que nunca fue saldada. Esa disputa por el sentido común no se gana solo con indignación. Se gana con los números que este libro pone, por fin, sobre la mesa, y con la decisión de no dejar que sean otra vez las mismas familias las que, desde los mismos espacios de poder, sigan escribiendo la historia que el resto del país está obligado a creer, si a creer por que ademas esa elite es además dueña de innumerables medios de prensa y televisión que imponen el relato que les conviene.

  • RECHAZO A LA LEY 157 AL SERVICIO DE LOS GRANDES AGRO-INDUSTRIALES QUE VA EN CONTRA DE LOS SISTEMAS DE VIDA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS Y CAMPESINOS DEL PAÍS

    RECHAZO A LA LEY 157 AL SERVICIO DE LOS GRANDES AGRO-INDUSTRIALES QUE VA EN CONTRA DE LOS SISTEMAS DE VIDA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS Y CAMPESINOS DEL PAÍS

    El pasado 8 de abril, el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia promulgó la Ley 157/2026, la cual autoriza al INRA la conversión “voluntaria” de pequeñas propiedades agrarias a medianas o empresariales. Ante esta situación, desde la independencia política, diferentes colectivos e individualidades nos pronunciamos denunciando el carácter central de la norma:

    • Primero: El gobierno ha posibilitado la conversión de pequeñas propiedades a medianas en favor de las élites oligarcas agroindustriales y banqueros del sistema financiero, quitándole la protección a la tierra al convertirla en un activo financiero susceptible a la ejecución hipotecaria y al remate. Una clara muestra es el departamento de Santa Cruz; en él, actualmente existen 6,000 predios titulados como pequeñas propiedades ganaderas que abarcan una superficie aproximada de 2,5 millones de hectáreas, oscilando su extensión entre 50 hectáreas (si es agrícola) y 500 hectáreas (si es ganadera). Aplicando la Ley 157, se posibilita la reconcentración y consolidación del latifundio, profundizando el tráfico de tierras. En este marco, considerando además las condiciones de profunda desigualdad estructural y abandono estatal, dicha “voluntariedad” se convierte en un mecanismo sistemático de despojo y transferencia de tierras hacia sectores con mayor poder económico.
    • Segundo: Posibilita el incremento de ganancias de los grandes empresarios privados, nacionales e internacionales, ligados al agronegocio. Por ejemplo, a aquellos vinculados al cultivo y comercialización de la soya (concentrado en más del 70% en el departamento de Santa Cruz), los cuales han tenido un crecimiento de casi 4000% en 30 años (1992-2022); es decir, de 57 millones a 2.240 millones de dólares. Este dinero no se queda en Bolivia, sino que es enviado a paraísos fiscales y cuentas offshore en Panamá, Islas Caimán e Islas Vírgenes Británicas, entre otros. También beneficia a empresas transnacionales como Archer Daniels Midland–Sociedad Aceitera Boliviana (ADM-SAO), Cargill, Industrias de Aceite Fino y Gravetal. Asimismo, no se debe omitir el vínculo con el sionismo, como en los casos de MAINTER S.R.L. y AGROINCO S.R.L., ligados a Landicorp S.A. (conglomerado de la familia Landívar), autorizadas para la importación de insecticidas y herbicidas de origen israelí.
    • Tercero: El trámite dura solo 10 días para la conversión de la tierra en un activo financiero, despojándola de su atributo como sistema que sostiene la vida para reducirla a un activo embargable. La ley también suspende la verificación de la Función Económica Social (FES) de la tierra por 10 años, lo cual promoverá chaqueos incontrolables, deforestación, monocultivos e incorporación de agrotóxicos. Esto desembocará en una crisis territorial y socioambiental que forzará la migración, afectando de manera particular a mujeres, niños, niñas y ancianos.
    • Cuarto: Lo anteriormente descrito afectará la seguridad alimentaria y la salud de las comunidades indígenas, campesinas y de la población boliviana en su conjunto. Al no existir diversificación productiva por la proliferación del monocultivo de oleaginosas, los precios de los productos básicos se elevarán y se terminarán importando a costos mucho más altos. Es necesario subrayar que el 60% de la alimentación del país es garantizada por familias campesinas e indígenas de oriente y occidente, las cuales no han sido consultadas respecto a esta reforma; para el actual gobierno parecen ser inexistentes, pese a garantizar la soberanía
      alimentaria del país.
    • Quinto: La Ley N° 157 vulnera el derecho a la consulta previa, libre e informada establecido en el Artículo 30 de la Constitución, lo que la hace abiertamente inconstitucional. Asimismo, contraviene el Artículo 393, que establece que la tierra debe cumplir una función social, y el Artículo 394, que prohíbe el latifundio. Esta norma, por el contrario, promueve la concentración de tierras en manos de conglomerados agroindustriales.
    • Sexto: De igual forma, se atenta contra el derecho a la alimentación (Artículo 16) y la protección del medio ambiente. La Ley 157 no solo responde a intereses de la agroindustria, sino que se constituye en un instrumento para la vulneración directa de los derechos de la población boliviana y del orden constitucional vigente.

    En este sentido, aprobamos el presente pronunciamiento:

    1. Nos solidarizamos con la lucha de los pueblos indígenas y campesinos, de tierras bajas y tierras altas, en contra de la implementación de la Ley N° 157, por ser atentatoria contra los sistemas de vida, la salud, el territorio y el medio ambiente.
    2. Desde los sectores urbanos, planteamos la urgencia de medidas para la defensa de la alimentación: que se resuelva el hambre, se garantice la diversificación de la canasta familiar, se promocione la agricultura familiar indígena y se prohíba el uso de agroquímicos, así como el agio y la especulación.
    3. Rechazamos toda forma de latifundio que promueva la concentración de la riqueza en favor de las élites y el capital financiero, a costa de la explotación de los bienes comunes naturales.
    4. Denunciamos este retroceso y vulneración a las conquistas históricas de la defensa de la tierra-territorio impulsado por el gobierno en favor de la lógica capitalista.
    5. Nos plegamos a las convocatorias y movilizaciones contra la Ley 157 convocadas por las organizaciones matrices (COB, CSUTCB, CIDOB y otras), impulsando la unidad entre trabajadores del campo y la ciudad.

    ¡Por el derecho a la autodeterminación, la alimentación y la defensa de la tierra-territorio!
    ¡Jallalla los pueblos en resistencia!

  • A cien días de gobierno: alerta popular ante el avance del modelo extractivista y la concentración del poder (*)

    A cien días de gobierno: alerta popular ante el avance del modelo extractivista y la concentración del poder (*)

    A cien días de gestión gubernamental, el panorama político y social en Bolivia se presenta como un escenario de profundas tensiones. El análisis del contexto actual, marcado por la postergación del decreto 5503 y la posterior aprobación del 5516, revela una estrategia oficial que, aunque cautelosa, avanza progresivamente hacia la consolidación de un modelo económico de corte neoliberal, al servicio de intereses transnacionales y en detrimento de los derechos y riquezas del pueblo boliviano.

    (más…)
  • La élite cruceña hiede a corrupción

    La élite cruceña hiede a corrupción

    La acumulación del capital recurriendo al robo, pillaje, despojo y fraude

    Fue Carlos Marx quien dijo que el capital vino al mundo chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies y que pisoteará todas las leyes humanas, es decir, el fenómeno de la corrupción es consustancial a la práctica capitalista, juega un rol fundamental en la acumulación originaria.

    El capitalismo en Bolivia no es la excepción, el pillaje, el robo, el despojo y el fraude fueron y son las prácticas de la que se vale la burguesía para acumular capital; la conformación de la actual oligarquía se hizo en base al despojo de tierras al Estado legitimado por las dictaduras militares, las haciendas en el occidente se lograron con la apropiación indebida de las tierras comunitarias; la transferencia de excedentes al sector privado se realizó con contratos lesivos al Estado; el fraude, como los realizados por el caso FINSA o el Banco FASSIL, han sido frecuentes para acumular riquezas; el lavado de dinero, que vienen de actividades delincuenciales como el narcotráfico, el contrabando o la trata de personas.

    (más…)
  • Bolivia: ¿Tupak Katari o Donald Trump?

    Bolivia: ¿Tupak Katari o Donald Trump?

    Carlos Mesa representa la oligarquía señorial, aquella que entrada en desgracia mantiene el boato de la aristocracia boliviana cuya raíz se encuentra en la soldadesca europea que sometió a los pueblos del Tawanti Suyu. En cambio Luis Fernando Camacho es un producto de la oligarquía regional modernizada y que juega a la política desde su posicionamiento económico territorial.

    Estos representantes del liberalismo económico no tienen ninguna diferencia, salvo el acartonado saber de Mesa frente a una absoluta carencia de episteme en Camacho. Ambos son el reflejo de la estructura colonial del Estado, a su modo, ambos pretenden retornar a la “república” de los tránsfugas y dos caras como Casimiro Olañeta. Esa es su propuesta central, pues no tienen programa de gobierno sino, como alguien lo definió, “sólo tienen planes de negocio”.

    (más…)
  • Restauración del neoliberalismo para beneficio de la agroindustria cruceña: la legalización de los transgénicos

    Restauración del neoliberalismo para beneficio de la agroindustria cruceña: la legalización de los transgénicos

    No es novedad para nadie que consolidar a la agroindustria cruceña como su principal factor de apoyo, fue para la dictadura de Banzer su primer objetivo de transformación de la estructura social y económica boliviana.

    La apertura sin control de la frontera agrícola, la superposición de nuevas haciendas sobre millones de hectáreas de tierras pertenecientes a comunidades originarias fue una realidad. El empatronamiento de millares de hermanos indígenas que trabajaban al interior de las nuevas haciendas en una suerte de esclavismo moderno, fue un hecho deplorado por organismos internacionales hasta entrado el siglo XXI.

    Desde entonces, todos los ministros relacionados con la agroindustria, fueron impuestos por la CAO y la CAINCO, que esta demás expresar el poder político que tuvieron tanto en democracias como dictaduras.

    La oligarquía agroindustrial cruceña, que además de manera inconstitucional e ilegal por estar a menos de 50 kilómetros de frontera, vendió tierras a empresas extranjeras, tenía como su primer objetivo vender el 70 u 80 de su producción industrial soyera al mercado externo, cosa que lo logró con productos como el azúcar y el algodón. Entre el 20 y 30 por ciento, estaría destinado a las industrias aceiteras y las fabricas de alimentos balanceados para animales.

    Su segundo objetivo era la legalización de producción de transgénicos para el consumo humano.

    ¿Cuales fueron sus acciones de incidencia y durante que periodos de gobierno?

    El 5 de abril del 2005, en el gobierno de Carlos Mesa luego un “dictamen técnico”(14/05) del Comité Nacional de Bioseguridad, es utilizado por el SENASAG para aprobar la resolución administrativa SENASAG 44/2005. Esta autoriza la utilización de soya transgénica resistente al glifosato (evento 40-3-2) para la elaboración de alimentos y bebidas de consumo humano. El 7 de abril del mismo año, o sea 2 días más tarde, se autoriza la producción agrícola y de semillas, procesamiento, comercialización interna y externa de la soya transgénica que había sido aprobada por el SENASAG, mediante la Resolución Multiministerial No 1, firmada por varios ministros del gabinete de Mesa.

    (más…)