Etiqueta: Crimilización

Hay quienes pregonan, haciendo laureles de su inteligencia, la gran ignorancia del pueblo boliviano. “Son unos ignorantes!” gritan, “están todos manipulados, se aprovechan de la gente humilde porque ellos no entienden nada”. Así van los comentarios de los estudiados, los egresados, los “seres superiores” llamados pititas. Y atribuyen, además, este conocimiento celestial al haber investigado y leído.

Tenemos la esperanza, y personalmente soy más optimista, de que en el movimiento pitita hubieron algunos con mejores intenciones que podrían abrir su mente a unirse en la búsqueda del bienestar común, la búsqueda de un sistema más justo e incluyente. Pero también hay muchos otros que están en la urgente necesidad de visitar a un psicólogo, porque, en realidad, tienen que investigar mucho mejor y mucho más, señores pititas…

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En días pasados tuvimos noticias que han tenido repercusión nacional, y en algún caso internacional, que nos han impactado; cada día nos sorprendemos con noticias que nos abruman, noticias que no sabemos si son ciertas o no y que, sin embargo, nos afectan casi siempre en forma negativa. En los últimos días el lenguaje empleado para juzgar, calificar, expresar el descontento y rechazo por las movilizaciones populares aún desde los gobernantes, se ha hecho altamente agresiva; se emplean términos como: asesinos, criminales, terroristas, canallas, salvajes, ignorantes, violentos, delincuentes, etc. ¿Acaso con el uso reiterado de esos calificativos se puede contribuir a pacificar o resolver los conflictos vigentes en el país? ¿Acaso en la responsabilidad del gobierno de facto, aun cuando ocasional y transitoriamente tiene el poder, no está “buscar el bien común”? La autoestima de nuestro pueblo tan maltratada, desde los tiempos de la colonia, sigue siendo machacada por la discriminación, la arbitrariedad, el desprecio de la élite nacional que, europeizada o yanquinizada, tiene el corazón y la cabeza en esas regiones, por lo que, enajenada espiritual e intelectualmente como está, pretende que Bolivia siga siendo el abastecedor de materia prima y el que tenga siempre la mano extendida para recibir las migajas y el desprecio de las potencias que se enriquecen con nuestra pobreza.

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NUESTRA PALABRA No 15

Las organizaciones urbanas de sectores profesionales, sociales y territoriales de Cochabamba y el país, manifestamos nuestra preocupación por la violenta y pésima gestión del Gobierno de facto, al respecto denunciamos lo siguiente:

Desde los luctuosos sucesos de Senkata y Huayllani, donde se han perpetrado crímenes de lesa humanidad que han cobrado la vida de 37 bolivianos y han dejado más de 800 heridos y cerca de 1.400 encarcelados, el régimen de Jeanine Añez ejerce una brutal persecución política, y utiliza la emergencia sanitaria para penalizar la divergencia, la solidaridad y la libertad de expresión.

La estrategia del mal gobierno incluye el despliegue de montajes de diversa naturaleza, que luego sus mismos operadores tipifican como “sedición”, “terrorismo” o “atentado contra la salud”, aunque los únicos que atentan contra la salud son ellos con su probada incapacidad y corrupción. Un ejemplo de estas acciones es la intervención militar a la represa de Misicuni con el pretexto de un falso atentado, para de esta manera buscar un enfrentamiento con los comunarios y después acusarlos. Otra muestra son los extraños ataques a torres de telecomunicación que luego se endilgan sin pruebas a sectores sociales.

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Desde su mismo inicio, el actual gobierno de facto (denominado “de transición”) hizo evidente su voluntad de ir contra la libertad de expresión. Recordamos las reiteradas amenazas de la que entonces era ministra de comunicación, utilizando y aplicando indiscriminadamente la figura de sedición, en particular contra periodistas y comunicadores/as nacionales y extranjeros, que se vieron obligados a dejar de informar.

Transcurridos cinco meses de la nueva administración estatal, dicha tendencia al control de la libre expresión no se atenuó, sino que por el contrario se ha tornado sistemática, ampliando su campo de acción contra individuos, organizaciones políticas legalmente establecidas, e incluso territorios completos, que son criminalizados e insultados en forma pertinaz y pública, alentando el odio y la discriminación entre sectores sociales.

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